Lunes, 17 de Febrero 2020
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- Palos de ciego

Por: Jaime García Elías

- Palos de ciego

- Palos de ciego

Sería pertinente -aunque tal vez no sea posible…- puntualizar: ¿bajó, efectivamente, la incidencia delictiva en Jalisco durante 2019, como aseveró el gobernador Enrique Alfaro, o lo que bajó, en realidad, fueron las denuncias…?

-II-

Todas las estadísticas relacionadas con los delitos patrimoniales, en México, puntualizan que en esa materia hay un subregistro. No todos los robos a casa habitación o a transeúntes se denuncian. Las víctimas, vía de regla, estiman, primero, que los trámites son engorrosos, y tienen la convicción, después, de que serán, al cabo, estériles; de que las procuradurías de justicia carecen de los elementos humanos y técnicos necesarios para dar puntual seguimiento a las denuncias que se presentan. Éstas se realizan, en la mayoría de los casos -los de robo de automóviles, por señalar el ejemplo más común-, simplemente por cumplimentar un requisito para gestionar que el seguro cubra la pérdida

En lo que el punto se aclara -que lo mismo da si no…-, el propio gobernador admitió que el número de homicidios dolosos en la entidad se incrementó en 2019 (con dos mil 465 asesinatos hasta el mes de noviembre, para un promedio de poco más de siete al día) con respecto a 2018, cuando se registraron dos mil 218 (poco más de 6 diarios en promedio).

La declaración de que “hace falta apretar el trabajo, en coordinación con el Gobierno federal (…), para combatir al crimen organizado” -a partir de la hipótesis de que las víctimas corresponden, casi siempre, a las infanterías del narcotráfico u otras variantes de la delincuencia-, parece una confesión tácita de que no hay, en efecto, mecanismos eficaces para combatir ese delito. Los pocos que se han dado, pues, han sido palos de ciego.

-III-

Si los “avances en las líneas de investigación”, en las “carpetas” que supuestamente se abren en cada caso se que se tiene conocimiento -no porque haya denuncia, sino, simplemente, porque aparece el correspondiente cadáver-, se  circunscriben, en la gran mayoría de los mismos, a la identificación de las víctimas, y solo excepcionalmente (en menos del 3% de los casos, según las estadísticas más optimistas) se llega al esclarecimiento de las causas y a la identificación, aprehensión, procesamiento y sentencia de los autores, ni siquiera hay elementos para fundamentar la teoría de que el crimen “organizado” está detrás de este fenómeno, o para aventurar cuántos y cuáles casos deben atribuirse al crimen “desorganizado”.

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