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Viernes, 22 de Marzo 2019

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-”Mal de muchos”

Por: Jaime García Elías

-”Mal de muchos”

-”Mal de muchos”

Referirlo deja el asunto en el plano de la estadística; vivirlo -y, sobre todo, vivirlo todos los días-, lo convierte en un vía crucis…

Se trata de la vivencia de “seis de cada diez tapatíos” -según la nota de primera plana de EL INFORMADOR de ayer lunes- que “pasan al menos tres horas diarias en el camión” para trasladarse de su domicilio a la escuela o al trabajo, y viceversa.

-II-

Es probable (“mal de muchos…”) que el dato esté en concordancia con los de otras ciudades mexicanas parecidamente pobladas. En la Ciudad de México y municipios conurbados de los estados vecinos -por si la comparación sirve de consuelo, considerando que la capital del país tiene más de 20 millones de habitantes y es la cuarta ciudad más poblada del mundo-, miles de personas invierten diariamente hasta cuatro horas para hacer esos mismos recorridos obligatorios. Con un agravante: que muchos no dependen del transporte público: los realizan en automóvil particular.

La nota de referencia, basada en un estudio de la ONG “Jalisco Cómo Vamos”, concluye con una valoración de la calidad del transporte público en la Zona Metropolitana de Guadalajara: los usuarios le asignan, en promedio, en una escala del uno al cinco, una calificación de 2.8. No se puntualizan los aspectos considerados. En todo caso, es obvio el consenso generalizado: el servicio pasa “de panzazo”.

La calidad del mismo es regular, y gracias. Se salva de la nota reprobatoria porque existe, pero no hay elementos para asignarle nota sobresaliente en ningún rubro: ni en frecuencia de paso, ni en pertinencia de las rutas, ni en amabilidad y eficiencia de los conductores, ni en aseo y confort de las unidades, ni en seguridad a bordo de las mismas…

-III-

Que en Guadalajara -que en los tiempos de María Canica se preciaba de ser “una ciudad sin arrabales”- sus habitantes tengan que hacer recorridos tan extensos y demorados (y eso en condiciones normales, porque cuando algún imponderable colapsa el tráfico esos tiempos se incrementan considerablemente), se explica: por una parte, el crecimiento de la ciudad ha sido explosivo y anárquico; por otra, la gente, en su mayoría, vive donde buenamente puede: no donde quisiera.

La conclusión salta a la vista: si antaño los habitantes de Guadalajara presumían, con razón, la amplitud y suficiencia de sus vialidades, la movilidad se convirtió, casi sin que se dieran cuenta, en una pesadilla cotidiana... y una gran asignatura pendiente de sus gobernantes.

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