Martes, 07 de Julio 2020
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- Los muertos

Por: Jaime García Elías

- Los muertos

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“Las Muertas”, de Jorge Ibargüengoitia, podía (y puede) leerse alternando ocasionalmente alguna sonrisa... o incluso alguna carcajada. Aunque el título de la novela es sugestivo, y el propio autor, en el epígrafe, advierte que “algunos de los acontecimientos que aquí se narran son reales”, y que tales acontecimientos son sórdidos, la literatura macabra, en cuanto expresión artística, permite –y aun propicia— paradojas de ese tipo.

La primera plana de “The New York Times” (NYT) de ayer es impactante… aunque sea prácticamente ilegible. Es legible, técnicamente, porque los caracteres son del dominio público y están claramente impresos. Es prácticamente ilegible porque se trata de una lista de mil nombres, a cada uno de los cuales se han añadido dos o tres palabras. Es, pues, tan legible –o tan ilegible— como el directorio telefónico (“Una novela muy buena… aunque con demasiados personajes y muy poca acción”, lo llamó un humorista).

-II-

Dos semanas antes (el 10 de mayo), O Globo”, de Sao Paulo, había hecho un ejercicio similar: publicó en su primera plana los nombres de mil de las diez mil víctimas que hasta entonces había causado la pandemia del coronavirus en Brasil. “10 mil historias”, rezaba el titular; “Para que la dimensión humana de la tragedia no se pierda en la frialdad de las estadísticas”, añadía el sumario…

“Cerca de 100 mil muertes en Estados Unidos, una pérdida incalculable”, decía el encabezado del NYT de ayer. Y, en vez del acostumbrado texto de una noticia, una selección con mil minibiografías (“Coby Adolph, 44, Chicago, emprendedor y aventurero…”, por ejemplo), tomadas de los obituarios publicados en la prensa estadounidense desde que comenzó la pandemia.

Se trataba, según Simone Landon, editora asistente del departamento gráfico, de ilustrar “tanto la vastedad como la variedad de las vidas perdidas”. Se prefirió, por tanto, esa lista de nombres y las correspondientes reseñas, a opciones como poner cien mil puntitos o cien mil palitos, aun en el entendido de que, más que para leerse, esa página, un poco como la lista de nombres en el monumento a los caídos en la Guerra de Vietnam, en Washington, o la erigida en memoria de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas, en Nueva York, quedaría para la historia.

-III-

Porque, al final de cuentas, detrás de cada vida que ha cobrado el coronavirus había una historia…, y después de cada muerte hay una tragedia.
 

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