Hay noticias negativas; hay indicios inquietantes… De aquéllas, el dato (de la Secretaría de Salud) de que el martes se registraron 598 nuevos casos de COVID-19 en Jalisco: la cifra más alta para un solo día, superando las 446 registradas seis días atrás. De éstas, el reporte (EL INFORMADOR, VI-23-20) de que para la generalidad de los usuarios del transporte público, la machacona recomendación de guardar la “sana distancia” para reducir el riesgo de contagio, es materialmente imposible de acatar porque, en la mayoría de las rutas, las unidades que las cubren van atiborradas.-II-No obstante la disposición gubernamental de que se ajustaran los horarios de más de medio millón de habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara que laboran en las industrias a las que se dio luz verde para entrar en la “nueva normalidad”, en la práctica se repitió la historia consabida: las unidades del transporte público, en todas sus modalidades, se vieron notoriamente rebasadas por los usuarios. Lo que en circunstancias normales se limita a ser una incomodidad, a la que los pasajeros han terminado por resignarse, en las actuales no puede dejar de verse como un peligro latente para la salud… y, en consecuencia, para la vida.La incorporación de 65 unidades adicionales a algunas de las rutas más demandadas (T-19 y T-19B, antes conocidas como 380 y 380-A), no modificó las escenas usuales, cotidianas: que los camiones estuvieran atestados; que la supervisión para que los pasajeros se formaran antes de abordar las unidades, para que todos trajeran cubre-bocas o proporcionárselos a quienes no traían, fueron insuficientes; que los choferes fueron incapaces de hacer cumplir la supuesta obligatoriedad del uso de cubre-bocas por parte de los pasajeros, como advierte la calcomanía adherida al parabrisas; que, en las paradas intermedias entre las terminales, la gente -acostumbrada, antes, a las incomodidades; resignada, ahora, a los graves riesgos para su salud- abordara los camiones lo mismo por la puerta de adelante que por la de atrás; que los pasajeros, en fin, con o sin cubre-bocas, viajaran hacinados, porque su necesidad es impostergable.-III-Con ese sombrío panorama, sin ninguna perspectiva razonable de que en el corto o el mediano plazo se incremente la oferta o disminuya la demanda del transporte público, sería ilusorio desear que no siguiera al alza la cifra de los contagios del COVID-19. La naturaleza no perdona.Moraleja de la historia: “La autoridad propone…, y, como siempre, la maldita realidad dispone”.