Viernes, 29 de Mayo 2020
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- “Felizómetro” (II)

Por: Jaime García Elías

- “Felizómetro” (II)

- “Felizómetro” (II)

A ver: para evitar posibles conflictos por los derechos de autor, habrá que decir, de entrada, que, sin perjuicio de que la versión mexicana próxima a revelarse a la humanidad lo perfeccione, el “Felizómetro” (o su equivalente) ya está inventado. La Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible para las Naciones Unidas lo aplica desde hace varios años en 156 países, y anualmente difunde el Worlds Happiness Report (Informe de Felicidad Mundial)…

-II-

En el más reciente -el correspondiente a 2019-, colocó a Finlandia -por segundo año consecutivo- en el primer lugar. En los siguientes peldaños aparecen, en este orden, Dinamarca, Noruega, Islandia, Países Bajos, Suiza, Suecia, Nueva Zelanda, Canadá y Australia. (Curiosamente, los cinco países nórdicos están en el “top ten”; en cambio, ninguno de los considerados “más desarrollados” a partir de criterios estrictamente económicos, está entre los primeros: el Reino Unido quedó en el puesto 15, Alemania en el 17, Estados Unidos en el 19, Japón en el 58, Rusia en el 68 y China en el 93. México fue clasificado en el 23º lugar, por encima -entre otros- de Francia, España y Brasil. Los más rezagados -los menos felices, pues- serían Sudán del Sur, República Centroafricana, Afganistán, Tanzania, Ruanda, Yemen, Malawi, Siria, Botswana y Haití.

-III-

A reserva de lo que discurra y en su oportunidad (esta misma semana, según anticipó ayer) difunda “urbi et orbi” el padre de la reconversión de México en una versión corregida y mejorada del bíblico Paraíso de Adán y Eva, los parámetros considerados para confeccionar el ranking mundial de la felicidad, son varios y diversos; entre ellos, ingresos, libertad, seguridad, confianza, salud, acceso a educación de calidad, esperanza de vida saludable, apoyo social y generosidad.

Los países clasificados en los primeros lugares se significan, entre otras cosas, porque sus habitantes -todos- pagan altos impuestos, pero reciben servicios públicos en consonancia y confían plenamente en la honradez de sus gobernantes o en los mecanismos que permiten detectar y eventualmente sancionar la corrupción. (O sea, igualito que aquí).

Cabe anticipar que, en el modelo mexicano, el rubro de los ingresos difícilmente será considerado, por varias razones de incuestionable validez. Una de ellas, porque el 40% (o más…) de la población que vive en niveles de pobreza, podría estropearlo si mete su cuchara en la consulta…, pero principalmente porque ese concepto corresponde a criterios “neoliberales” que aquí ya fueron declarados inoperantes y solemnemente descalificados a la voz de “¡fuchi, guácala!...”.

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