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Domingo, 17 de Diciembre 2017

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- “Buen Fin”

- “Buen Fin”

- “Buen Fin”

El Buen Fin, en sentido estricto, nada tiene que ver con la feria del consumismo que dejará a varios miles de compatriotas con el agua al cuello, financieramente hablando, durante varios meses –seis, sin intereses, según la reiterada promoción—… pero disfrutando (para decirlo con la expresión de las abuelas de antes) de garras o tiliches que en circunstancias normales no habrían comprado, por la sencillísima razón de que no los necesitaban…

Buen Fin, en rigor, la satisfacción por el deber cumplido que se llevan en la conciencia los funcionarios públicos que en menos de un año dejarán de serlo. Se llevarán, adicionalmente, la prueba de que si bien es cierto que, como dijo hace unos días el Presidente Peña Nieto, muchos mexicanos desagradecidos corresponden con la perversidad del buylling a los esfuerzos y desvelos de sus gobernantes, la Patria, en cambio, noble y generosa, los compensará con creces. Algo que ellos, los que ya casi se van, podrán constatar en sus cuentas bancarias.

-II-

No queda claro en qué preciso momento se desechó la iniciativa de aplicar un plan emergente de austeridad en las finanzas públicas para el último año de la actual administración, propuesta –y aplaudida clamorosamente por el “respetable y culto público”— a raíz de las erogaciones extraordinarias que deberán hacerse para reconstruir lo que destruyeron los sismos de hace dos meses en varios estados del país…

Lo cierto es que en el Presupuesto para 2018 –año de relevo en los mandos de este bendito país en el que 62% de sus habitantes viven por debajo de los estándares de bienestar— quedaron vigentes las cifras que consigna en su edición de este fin de semana, el editorial de “Desde la Fe”. El órgano oficial de la Arquidiócesis de la Ciudad de México señala que el Presidente de la República devengará, en lo que queda de su ejercicio, una remuneración global de poco más de tres millones de pesos; los diputados, cerca de millón y medio de pesos en el mismo lapso; los senadores, cerca de dos millones de pesos; los secretarios de estado, un millón 200 mil pesos; los consejeros del Instituto Nacional Electoral, cerca de 250 mil pesos mensuales, para un gran total de tres millones de pesos anuales.

-III-

Independientemente de las cifras referidas, el texto, bajo el título de “Funcionarios de Lujo”, asienta que “este sistema demócrata y republicano terminará por compensarlos pese a sus errores e ineficacias”.

Lo que no puntualiza “Desde la Fe” es a qué santo podría encender veladoras el ciudadano de a pie para que ocurra el milagro de que se modifique ese estado de cosas que parecería clamar al Cielo.

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