Lunes, 24 de Febrero 2020
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- ...y el Tren

Por: Jaime García Elías

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Dirán los más optimistas que “ya se ve la luz al final del túnel”, en alusión a la referencia del Presidente López Obrador, en la “mañanera” de ayer, a la perspectiva de que “un día de estos” empiece a funcionar, por fin, la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano de Guadalajara.

No se anticipó ninguna fecha tentativa. No se refrendó el anuncio, relativamente reciente, de que “para abril o para mayo” -como decía la baladita cursilona que cantaban en sus mocedades los hoy abuelos- esté en operación la que al inicio de las administraciones de Enrique Peña Nieto como Presidente y Aristóteles Sandoval como gobernador de Jalisco, fue anunciada (con el bombo y los platillos obligados en esos casos) como “la obra del sexenio”.

-II-

El incremento brutal en los costos presupuestados y la falta de recursos federales para absorberlos, por una parte, y seguramente algunos problemas técnicos no previstos en los proyectos iniciales, por otra, explican la demora de dos años con respecto al cronograma original.

La imprecisión acerca de la fecha en que la obra estará al servicio de los habitantes de “la gran Guadalajara” -como se denomina pomposamente a la mancha urbana que envuelve a la otrora “Perla de Occidente”- se relaciona, probablemente, con algunas imperfecciones afortunadamente detectadas a tiempo (las afectaciones estructurales en el templo de San Francisco, los neoprenos en las trabes, o socavones como el que se abrió en pleno Centro de la ciudad, frente a La Casa de los Perros, por ejemplo…) y, eventualmente, con algunas adicionales que no han trascendido.

-III-

La etapa de pruebas en la que ya se encuentra la cacareada Línea 3 sugiere que, en efecto, la fecha de su inauguración no está tan lejana…

De lo que tampoco hay noticias, por cierto, es de la reestructuración integral del sistema de transporte colectivo de Guadalajara, prometida a partir de la premisa de que muchas rutas de autobuses se rediseñarían al efecto de que fueran complementarias o alimentadoras de la Línea 3. Eso en la hipótesis (por demás discutible) de que ésta tuviera la capacidad de movilización necesaria para aliviar de manera significativa las necesidades de una población que se ha desparramado de manera brutal tanto hacia el noroeste (Tesistán y anexas) como hacia el sureste (Tonalá), en los extremos de la ruta… sin contar con que el rezago que arrastra la ciudad en esa materia no es ya de años: es de décadas.

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