El aumento de peso no siempre está relacionado con excesos evidentes en la alimentación. En muchos casos, son hábitos diarios aparentemente inofensivos los que, con el paso del tiempo, influyen en el balance energético del cuerpo. Identificar estos errores comunes puede ayudar a comprender por qué resulta difícil mantener un peso estable.Omitir comidas, especialmente el desayuno, es una práctica más común de lo que parece. Este hábito puede provocar que el organismo llegue a la siguiente comida con mayor apetito, lo que suele derivar en porciones más grandes o elecciones menos equilibradas. Además, saltarse comidas puede alterar los niveles de energía a lo largo del día.Refrescos, jugos industrializados, bebidas energéticas y cafés preparados pueden aportar una cantidad considerable de calorías sin generar sensación de saciedad. Al tratarse de líquidos, su consumo suele pasar desapercibido, lo que facilita un exceso calórico diario sin que se note de inmediato.Realizar otras actividades mientras se come, como ver televisión o usar el celular, puede interferir con las señales de saciedad del cuerpo. Este hábito favorece que se ingieran mayores cantidades de alimentos y dificulta reconocer cuando ya se ha comido lo suficiente.La falta de sueño afecta las hormonas relacionadas con el hambre y la saciedad. Dormir menos de lo recomendado puede incrementar el apetito y la preferencia por alimentos ricos en azúcares y grasas, lo que a largo plazo contribuye al aumento de peso.Incluso al consumir alimentos considerados saludables, el tamaño de las porciones juega un papel importante. Servirse cantidades mayores a las necesarias de forma habitual puede generar un consumo calórico superior al requerido por el organismo.Pequeñas acciones repetidas todos los días pueden tener un impacto significativo en el peso corporal. Reconocer estos errores cotidianos permite entender mejor cómo se construyen ciertos resultados y abre la puerta a ajustes más conscientes en la rutina diaria.BB