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Domingo, 16 de Diciembre 2018

Franz Ferdinand desde dentro

Un viaje por la composición, su nuevo disco, sus inicios e influencias en el arte de esta banda escocesa

Por: El Informador

La agrupación llegó a la ciudad para presentar su quinto disco, “Always Ascending”, lanzado este 2018. ESPECIAL

La agrupación llegó a la ciudad para presentar su quinto disco, “Always Ascending”, lanzado este 2018. ESPECIAL

El plato fuerte del pasado Festival Roxy Guadalajara fueron unos escoceses que ya son consentidos de la Perla Tapatía: Franz Ferdinand. La agrupación, ahora quinteto, llegó a la ciudad para presentar su quinto disco, “Always Ascending”, lanzado este 2018. Conformados por Bob Hardy, Julian Corrie, Paul Thomson, Dino Bardot y liderados por la voz y guitarra de Alex Kapranos, antes de su presentación en el escenario principal del Roxy platicamos con Alex, sobre composición, su nuevo disco, sus inicios e influencias en el arte.

—Hace unos días tuiteaste sobre cómo escribir progresiones de canciones y jugar ajedrez tienen el mismo camino en el cerebro.

—Sí, a veces cuando viajo juego ajedrez en una app en el teléfono, no juego mucho con personas cuando estamos de gira. Hay cierta lógica que es muy parecida del ajedrez al componer una progresión de acordes. Porque hay algo que combina lo aleatorio y la imaginación, pero también hay que considerar el efecto que tendrá, su impacto, a dónde nos guiará cada decisión. Es lo mismo en la progresión de acordes para una canción: te lleva de un lado a otro, se ve la reacción. Hay muchas similitudes. También siento lo mismo cuando juego ajedrez y cuando compongo una canción.
 
— ¿Cómo empezaste a escribir canciones? ¿A quiénes admirabas o de quiénes aprendiste?

—Empecé a componer cuando era chico, desde que agarré la guitarra. Creo que siempre me frustró mi inhabilidad cuando inicié: me sabía pocos acordes, pero tenía los libros de acordes de los Beatles, Smiths, Queen, todos esos. No podía tocar los acordes complejos: en lugar de aprender esos (lo que cualquiera haría) lo que hice fue usar los acordes que sabía para escribir mis canciones. Pensé que era más fácil, era lo más natural. Nunca quise escribir una canción como alguien más.

— ¿Cómo definirías la etapa en que te encuentras con Franz Ferdinand? La última vez que vinieron eran cuatro integrantes, ahora son cinco.

—Y dos son diferentes. Me parece una buena etapa, la estoy disfrutando mucho. Creo que el grupo es más dinámico y enriquecido, como nunca antes. Ya lo verán, no quiero juzgarlo yo. Pero sí sé que en los arreglos podemos hacer muchas más cosas que no podíamos antes. También me siento más libre en el escenario, porque ya no toco la guitarra tanto. Me encantan las nuevas canciones, puedo pasear por el escenario y ser un frontman. Antes era más estático: al tocar la guitarra y cantar hay que quedarse en el mismo lugar. Creo que nuestras presentaciones son más poderosas.

—Háblanos de “Always Ascending”.

Intentamos hacer lo que siempre queremos: mantener nuestra identidad, pero hacer algo nuevo. Es el corazón de este disco. Para eso hay muchas decisiones pequeñas, lo que nos lleva de vuelta a las progresiones de acordes: tratar de componer algunas que no se parezcan a nada que hayamos hecho antes, o la temática, cantar sobre algo de lo que nunca hemos hablado, cantar desde la perspectiva de una persona, como “Lois Lane”. Trato de cantar desde la perspectiva de una persona que no soy yo, comprender cómo ve el mundo. Creo que también fue la voz de Julian, alcanza unas notas que yo no hago normalmente, es más amplio.

— ¿Crees que han encontrado una fórmula para trabajar? Entre el primer y segundo disco hay un año: de allí en adelante lanzan nuevo material cada cuatro o cinco, ¿tienen ya un método, es estratégico?

—No, la razón principal por la que hay tanto tiempo entre álbumes es porque Nick quiere irse de vacaciones (risas). Si fuera por mí sacaría un disco nuevo cada seis meses, me encantaría hacerlo. Pero no podría salir de gira. Me encanta escribir y tocar. Se trata de un balance: o tocamos más o grabamos más.

—No todos los grupos disfrutan de ese proceso artesanal de escribir canciones y al mismo tiempo tienen un acto en vivo tan poderoso.

—Usan distintas partes de la personalidad, como si fueran diferentes personajes dentro de uno mismo: el Alex que escribe una canción es distinto al Alex que la canta en el escenario. El resto del grupo también… O no siempre: veo a Paul y a Bob en el estudio componiendo y son los mismos en el escenario. Pero yo sé que soy muy diferente. Lo que sí permanece en todos es que somos capaces de abrazar nuestra vulnerabilidad. Así se escriba una canción: entender y permitirnos ser vulnerables. Los grandes intérpretes en el escenario también se lo permiten. Es mucha vulnerabilidad hacerlo: uno se expone cuando sale frente a miles y miles de personas. Y eso me gusta.

—Volviendo a la composición de canciones: hay detalles valientes en algunas de tus canciones, que son muy particulares en los comienzos y cómo cambian.

—Sí, hay varias así en el disco, “Lazy Boy” por el tiempo curioso, “Feel the Love Go” tiene unas cosas realmente raras allí, hablando de las llaves. Me encanta hacerlo, esas cosas experimentales, poco convencionales. No suelo señalarlas yo. Quiero que se sientan como lo más natural dentro de la canción. Es lo opuesto al math rock o el progresivo: parece que componer así es para mostrar cuán inteligente eres. No quiero que la gente piense que soy brillante por la música que escribo: quiero que sientan algo. Cuando trabajábamos el disco, Philippe Zdar (músico y productor) me dio a conocer un libro maravilloso: “Godard entrevista a Hitchcock”. Godard está fascinado con la técnica, el acercamiento tecnológico. Pero cada vez que Hitchcock habla de la técnica lo dice en términos de cómo hace sentir a la gente. Tal efecto con este lente, o el zoom y el la técnica del dolly en Vertigo, o los cortes en Psicosis, todos los pequeños detalles de la cámara, algunos que ni nos damos cuenta al verlo: pero él lo hacía para hacernos sentir de una forma particular al ver el filme. Es exactamente lo mismo en la técnica musical: cuando se compone, se graba o se toca. El único objetivo es hacerle sentir algo a la gente, al que escucha y al que toca.

—Es parte del gran arte: alguien ve o escucha y parece sencillo, pero si lo analizamos es bastante complejo.

—Exacto: es la teoría del cisne sobre el agua, que parece que va deslizándose sobre la superficie pero debajo las patas se mueven maniáticamente. No hablo de esto, por lo regular, está bien hablarlo en abstracto: pero al escuchar la música no debe haber nada que lo señale ‘Ey, miren, hay un efecto muy inteligente aquí’. Es como la montaña rusa: de pronto sentimos que el estómago se sube al pecho sin saber por qué, pero hay todo un trabajo de ingeniería detrás para hacernos sentir eso por un segundo.

—Mencionas a Hitchcock y el libro, ¿qué otras cosas, además de música, consumes habitualmente?

—Ahora leo a Patricia Highsmith, me gusta la obscuridad de sus historias, muy intensas. También leo algo de crítica literaria sobre Huckleberry Finn, por la canción “Huck and Jim” (en “Always Ascending”). No había releído el libro desde que era niño. Volví a leerlo y traté de entender cómo se percibe desde un punto de vista crítico, porque es un libro muy controversial por el tema racial.

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