Viernes, 14 de Agosto 2020
Economía | Autos

Todos los músculos

Con vehículos Ford y Mustang de alto desempeño en el lugar correcto, solo nos quedaba divertirnos

Por: Sergio Oliveira

Ford GT

Ford GT

Shelby GT 500

Shelby GT 500

Ford Edge ST 2020

Ford Edge ST 2020

Cuando ves a una Lobo Raptor en un autódromo, piensas que hay algo de raro en esto, pero al asomarnos mejor y descubrir un par de Mustang Shelby GT 500 y otro par de Ford GT, las cosas cambiaron y la sonrisa de ese momento solo fue superada por la que teníamos después de manejarlos.

Empezamos justo con la Lobo. Es raro subirse a algo tan grande, alto y pesado en un circuito de carreras de Fórmula Uno, sin embargo comienzas a acelerar y entiendes que la Raptor estaba menos fuera de su ambiente de lo que pensábamos.

Con 450 HP, 500 libras-pie de torque y una caja automática de 10 cambios, su desempeño en las rectas hubiera hecho verse mal a más de uno que se define como deportivo.

Claro que en las curvas aparecían sus limitaciones, pero la idea es recordar a los que no conducimos con frecuencia en esa pista cómo es el trazado del circuito y sus puntos de aceleración y frenado.

Adelante de nosotros una Ford Edge ST azul era como el puente entre la Lobo y el Mustang Shelby, pero tuvimos suerte y fuimos directo al potro, que con sus 765 caballos de fuerza y un rugido capaz de levantar a la tribuna de emoción o de despertar a varias cuadras a la redonda, invita a pisar y sentir la fuerza con la que nuestra espalda se comprime contra el respaldo del asiento. ¿Curvas? Este Mustang no solo ya aprendió a convivir con ellas, sino que hay un nivel de intimidad en esa relación que solo los grandes son capaces de darnos.

La cereza

Claro que en una pista donde hay un Ford GT, y más cuando sabes que vas a manejarlo, es difícil concentrarse en otra cosa. Te subes a él y lo primero que te das cuenta es que, pese a ser la versión de calle del auto, no de pista, el espacio interior está hecho para pilotos, de preferencia alguien delgado y no muy alto, es decir, justo lo que no somos.

Con casco, como traíamos, nuestra cabeza golpea el techo. La visibilidad es reducida en todos los ángulos, hasta porque en un coche diseñado para pista lo importante es que se vea hacia adelante y lo más lejos posible, ya que anticipar movimientos es fundamental.

Todas las incomodidades se olvidan cuando lo prendes y aceleras. El ruido del motor V6 EcoBoost de 3.5 litros con 647 caballos de fuerza no llega al cerebro, va directo a las vísceras, como decía John Lennon sobre el Rock & Roll. La caja automática de siete velocidades y doble embrague parece adivinar nuestro pensamiento y adelantarse a nuestra necesidad. Los frenos Brembo de carbono y cerámica muerden más que con hambre, con rabia. La estabilidad es espectacular, difícil de batir.

Sí, es un auto para pocos. Primero porque a México solo llegan 12 por año. Luego porque su precio, entre 12 y 13 millones de pesos, resaltan su exclusividad. Y no es sólo dinero lo necesario para comprarlo, hay que haberse ganado el privilegio de entrar en la lista que tiene nada menos que 120 personas apuntadas en ella. Ese privilegio se ganó con una buena relación con la marca a lo largo del tiempo.

¿Hay mejores relaciones de valor/desempeño en el mercado? Por supuesto, pero ninguna con la historia de un auto cuyo antecesor fue diseñado para vencer a Ferrari en su territorio favorito: Le Mans. Y el GT 40 lo hizo. Este sucesor se muestra digno de usar la corona y esto, es decir mucho.

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