El pasado domingo 5 de abril de 2026, el Estadio Akron fue testigo de una de esas jugadas que alimentan el debate futbolístico durante semanas. En el tiempo agregado del duelo entre Chivas y Pumas (2-2), una zancadilla sobre Roberto Alvarado fue revisada por el VAR, derivando en un penal que rescató el empate para el Guadalajara.Sin embargo, la polémica no radicó únicamente en el contacto, sino en el momento de la intervención. ¿Cuándo debe entrar el videoarbitraje? ¿Qué sucede si el juego ya se reanudó con un tiro de esquina? ¿Es lícito marcar una pena máxima si no existe una toma “incontrovertible”?De acuerdo con el International Football Association Board (IFAB), el VAR tiene un campo de acción limitado a cuatro escenarios: goles, penales, tarjetas rojas directas y confusión de identidad. La premisa es clara: “mínima interferencia, máximo beneficio”. El protocolo dicta que el VAR solo debe intervenir ante un “error claro, obvio y manifiesto”.No obstante, en México la aplicación parece haber tomado un camino propio. Gustavo Zepeda, psicólogo deportivo e instructor de árbitros internacional que colabora con FIFA, explica para EL INFORMADOR que la naturaleza del VAR en el país ha sido alterada por factores extracancha.“El VAR va a intervenir solamente en equivocaciones flagrantes o que vayan directamente al marcador. No es para corrección de apreciaciones. En México se utiliza para corregir apreciaciones porque los directivos han comentado a la comisión que han invertido miles de dólares para que corrija errores”, señala Zepeda.Esta “inversión” ha transformado la herramienta. Mientras que en Europa, si un árbitro acude al monitor más de dos veces sin que existan errores “enormes”, puede recibir una sanción o quedar fuera de futuras designaciones, en la Liga MX parece haber una orden implícita de revisar al máximo cada jugada. Zepeda es tajante: “En México, los directivos dan la orden de que se utilice para buscar jugadas o lo que sea”.Una de las dudas más frecuentes surge cuando el árbitro ya ha señalado otra acción, como un tiro de esquina. Según la Regla 14 y el Protocolo VAR, mientras el juego no se haya reanudado —es decir, mientras el balón no se haya puesto en movimiento para el córner—, el VAR puede y debe avisar al central sobre una posible infracción previa de penal.El problema surge cuando no existe una toma concluyente. El protocolo del IFAB establece que, si las imágenes no ofrecen una prueba clara del error, la decisión original de campo debe prevalecer. En el caso del Chivas-Pumas, la polémica escaló porque diversos sectores consideraron que el contacto “era de apreciación y no una falta flagrante”, cayendo precisamente en lo que Zepeda critica: arbitrar desde la cabina y no desde el criterio en cancha.A pesar de las críticas por el uso excesivo de la tecnología para “corregir apreciaciones”, Zepeda defiende la calidad del arbitraje nacional. “La escuela mexicana sigue siendo líder, no solamente en CONCACAF, sino a nivel mundial”, afirma, recordando que árbitros como César Ramos han dirigido semifinales en dos Copas del Mundo consecutivas.Sin embargo, advierte un riesgo: el modelo actual en México no se basa estrictamente en directrices internacionales, sino en adaptaciones influenciadas por intereses directivos. Esto ha generado una crisis de identidad en la que el VAR ha dejado de ser un auxiliar para convertirse, en palabras del propio instructor, en “el jefe”, restándole criterio al árbitro en el terreno de juego.Al final, el penal en el Akron queda como un recordatorio de que, aunque la tecnología llegó para evitar injusticias, en México se ha convertido en un monitor de interpretaciones que, lejos de cerrar debates, abre nuevas y más profundas grietas en la credibilidad del juego.SV