La metamorfosis de la nación que clasificó a la Copa del Mundo 2026 y que será rival de México, es una crónica de identidad y pragmatismo. Históricamente, el mundo del futbol conoció a la potencia que alcanzó las finales mundiales de 1934 y 1962 como Checoslovaquia. Sin embargo, tras el "Divorcio de Terciopelo" en 1993, el país se dividió pacíficamente, dando nacimiento a la República Checa y a Eslovaquia.Aquel nombre oficial, aunque preciso, resultaba excesivamente formal para el marketing deportivo y el uso cotidiano. Por ello, en 2016, el gobierno registró ante la ONU el nombre corto de Chequia (Czechia), buscando una marca más ágil, similar a como Francia no se anuncia siempre como "República Francesa".En la Eurocopa 2020 y en este cierre de eliminatorias hacia 2026, la UEFA y la FIFA han adoptado definitivamente Chequia en sus marcadores y uniformes. Para el aficionado, el cambio de nombre no altera la esencia: se trata del mismo futbol físico, disciplinado y vertical que, bajo cualquier denominación, sigue siendo un sinodal de respeto en la élite europea.SV