Miércoles, 03 de Junio 2026

"Los Contemplarios", cinco figuras para detener la prisa en el corazón de Guadalajara

El artista Adrián Guerrero inaugura "Los Contemplarios", una instalación urbana que convierte el paso cotidiano por el Centro Histórico en una experiencia de observación, memoria y encuentro

Por: Héctor Fernando Navarro Vázquez y Fausto Salcedo

La intervención artística

La intervención artística "Los Contemplarios" fue instalada entre los templos de San Francisco y Aránzazu. EL INFORMADOR/J. Acosta

Miles de personas cruzan cada día el Paseo Alcalde. Van rumbo al trabajo, a la escuela, al Centro Histórico, al Tren Ligero o a alguno de los comercios que rodean la zona. Caminan entre el ruido del tránsito, los anuncios, las conversaciones y el ritmo acelerado de la ciudad. Pocas veces se detienen.

Desde hoy, cinco figuras silenciosas buscan alterar esa rutina. Se trata de "Los Contemplarios", una intervención artística del creador jalisciense Adrián Guerrero que fue instalada entre los templos de San Francisco y Aranzazú.

El proyecto está integrado por cinco esculturas antropomorfas de bronce y diez placas de acero colocadas sobre el suelo, concebidas para transformar un espacio de tránsito en un lugar de observación, permanencia y encuentro.

La obra representa uno de los proyectos más largos en la trayectoria del artista, pues comenzó a tomar forma hace ocho años, cuando Guerrero imaginó que una serie de pequeñas figuras podía crecer hasta convertirse en una intervención urbana de gran escala. Desde entonces, el proyecto atravesó distintas administraciones municipales, cambios de gobierno y numerosas gestiones antes de encontrar un lugar definitivo.

El INFORMADOR entrevistó al artista en su estudio, días previos a la inauguración, donde compartió detalles de la instalación: “Hace ocho años empecé el largo camino de gestionar este proyecto. Ha pasado por distintos gobiernos y siempre encontró buena recepción, pero hasta ahora se cristaliza. Ha sido un ir y venir constante. Yo creo que por eso le tengo tanto cariño, porque ha sido un proyecto que ha requerido mucha insistencia”.

Las esculturas fueron concebidas desde el inicio para convivir con la ciudad. Cada una mide cerca de dos metros de altura y pesa alrededor de 180 kilogramos. Sin embargo, su presencia no busca imponerse sobre el espacio. Mientras muchas esculturas urbanas buscan llamar la atención desde la distancia, "Los Contemplarios" aspiran a integrarse con naturalidad al entorno.

“Uno de mis grandes retos es tener la capacidad de hacer algo que no perjudique el espacio público, sino que lo dignifique. Se pudo haber colocado una sola pieza enorme, de diez metros. Pero mi interés era otro. Me gusta la idea de que estas esculturas puedan estar ahí de una manera tan respetuosa que parezca que siempre estuvieron en ese lugar”, dice Adrián.

Las esculturas fueron concebidas para transformar un espacio de tránsito en un lugar de observación, permanencia y encuentro. EL INFORMADOR/J. Acosta
Las esculturas fueron concebidas para transformar un espacio de tránsito en un lugar de observación, permanencia y encuentro. EL INFORMADOR/J. Acosta


 

La memoria del tiempo

El espacio donde "Los Contemplarios" fueron colocados forma parte de uno de los núcleos históricos más antiguos de Guadalajara. A finales del siglo XVI, el antiguo Convento de San Francisco se convirtió en uno de los principales centros espirituales de la ciudad. El complejo llegó a albergar varios templos, edificaciones monásticas y amplias huertas que se extendían hacia el cauce del río San Juan de Dios.

Aunque gran parte de aquel conjunto desapareció con el paso de los siglos, el lugar conserva rastros de esa historia, pues todavía existen vestigios arqueológicos y cimentaciones que recuerdan la dimensión original del recinto.

Fue precisamente esa memoria la que llevó a Guerrero a replantear el proyecto, pues, si bien originalmente las esculturas estaban pensadas para otro punto del Paseo Alcalde, con el tiempo el artista encontró en este espacio una conexión más profunda con el concepto de la obra.

Es una pieza que habla de la contemplación. Del tema espiritual. Y cuando hablo de espiritualidad no hablo de religión. Son cosas distintas. Entonces empecé a pensar cuál era el mejor lugar para colocarla y entendí que era el centro espiritual más importante que ha tenido Guadalajara desde el siglo XVI”.

"Los Contemplarios" de inmediato llamaon la atención entre los transeúntes tapatíos. EL INFORMADOR/J. Acosta

Centinelas urbanos

Los cuerpos de “Los Contemplarios" aparecen reducidos a lo esencial. No tienen rasgos particulares ni atributos que permitan identificar edad, género o identidad. La cabeza apenas se inclina unos grados y, en ese gesto mínimo, concentra toda la intención de la pieza. Parecen observar algo, parecen esperar, parecen habituados al silencio y, al mismo tiempo, invitan a quien las mira a preguntarse qué están viendo.

“Siempre he pensado que la obra abstracta abre muchas más posibilidades que una imagen figurativa. Cuando te enfrentas a una figura humana ya tienes demasiadas pistas. Aquí quería llevar la figura humana al punto más abstracto posible sin dejar de ser una persona. Por eso no representan a nadie. Cuando las veas, eres tú”, explica Adrián.

La instalación de “Los Contemplarios" no se limita a las esculturas. Las diez placas de acero distribuidas en un área de aproximadamente 30 por 40 metros amplían la experiencia. Cada una contiene palabras relacionadas con la contemplación, la escucha, la presencia y la atención.

Algunas serán visibles de inmediato; otras aparecerán de manera más discreta entre los recorridos cotidianos de quienes atraviesen la plaza. El propósito es introducir pequeñas interrupciones dentro del flujo urbano: una palabra inesperada bajo los pies.

Las placas conservarán, además, un acabado natural que permitirá que el tiempo, el clima y el contacto con los transeúntes modifiquen gradualmente su superficie y, con los años, se convertirán en una especie de registro silencioso de la vida que circula alrededor, pues el proyecto también incorpora una lectura urbana planeada.

Las posiciones de las esculturas fueron definidas a partir de estudios de movilidad peatonal realizados junto con especialistas en urbanismo y patrimonio, y los personajes observan puntos específicos de la historia de Guadalajara: uno dirige la mirada hacia la torre del reloj; otros contemplan los sitios donde alguna vez se levantaron templos hoy desaparecidos.

“Pareciera que simplemente están contemplando, pero en realidad están mirando hacia lugares muy concretos. Están observando un patrimonio que sigue ahí y que mucha gente desconoce”, dice Adrián.

La intervención propone así una nueva forma de relacionarse con el Centro Histórico. Durante el proceso de investigación, Guerrero pasó cerca de un año recorriendo el lugar, estudiando sus dinámicas y observando la manera en que las personas utilizan el espacio. Aquella experiencia también modificó su percepción sobre el patrimonio urbano de Guadalajara.

“Te das cuenta de que detrás de toda la contaminación visual hay edificios extraordinarios. Hay capas de historia impresionantes. Hay arquitectura moderna, arquitectura mucho más antigua y una riqueza patrimonial enorme. Yo sí creo que hemos descuidado mucho nuestro patrimonio. Guadalajara está a la altura de cualquier ciudad del mundo. Lo que nos hace falta es valorarlo más”.

Las esculturas no buscan convertirse en protagonistas absolutas del paisaje ni tampoco aspiran a imponer una interpretación. Su función consiste en señalar algo que ya estaba ahí: dirigir la atención hacia la ciudad misma, sus edificios, su historia, sus silencios y sus capas de memoria.

“Tal vez la pieza no es lo importante”, finaliza Guerrero. “Lo importante es que la gente llegue, los vea y se pregunte qué están mirando. Que contemple más. Que se permita observar la ciudad en la que vive”, finaliza.

El conjunto histórico tiene sorpresas y secretos que los caminantes deben revelar, precisamente, con la contemplación. EL INFORMADOR/J. Acosta
El conjunto histórico tiene sorpresas y secretos que los caminantes deben revelar, precisamente, con la contemplación. EL INFORMADOR/J. Acosta


 

"Los Contemplarios" llegan al corazón de Guadalajara

Tras ocho años de haber iniciado el proyecto, hoy fue inaugurado el conjunto escultórico “Los Contemplarios”, de Adrián Guerrero.

Durante el evento, el artista destacó que la obra es resultado de un esfuerzo colectivo que tomó varios años de gestión y trabajo.

“Es darse cuenta que esto no está hecho en soledad. Si bien soy el autor o el provocador detrás de este proyecto, hay un gran grupo, aproximadamente de 50 personas, que hicieron posible que hoy esta pieza esté aquí”, expresó.

El escultor señaló que la intención principal de “Los Contemplarios” es invitar a los ciudadanos a reconectar con el presente y con su entorno.

“Mi invitación es a que estas piezas provoquen vivir en el presente, que no vivamos siempre buscando planear el futuro, sino estar concentrados contemplando nuestra realidad. La realidad es exactamente donde estamos; el futuro todavía no existe y el pasado ya no es”, afirmó.

Por su parte, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, consideró que la instalación de la obra representa un nuevo legado para Guadalajara y forma parte de la transformación que ha vivido el Centro Histórico durante los últimos años.

“Siempre he creído que una ciudad se distingue por su espacio público y por su arte urbano. Cuando alguien visita una gran ciudad del mundo, se deja llevar precisamente por esos elementos”, señaló.

El mandatario recordó que desde la concepción de Paseo Alcalde se contempló la incorporación de arte en el corredor urbano y destacó que la obra de Guerrero se integra de manera respetuosa al entorno arquitectónico de la zona.

“Tenemos este gran regalo para la ciudad. Lo que queremos pedir respetuosamente es cuidar nuestra ciudad entre todos, cuidar las obras de arte y sentirnos muy orgullosos de Guadalajara”.

Por su parte, la presidenta municipal de Guadalajara, Verónica Delgadillo, destacó el valor del arte como detonador de encuentros y reflexiones colectivas. Para la alcaldesa, la obra representa una invitación a detener el ritmo acelerado de la vida contemporánea.

JM

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