La directora Kenya Márquez regresó al Festival Internacional de Cine en Guadalajara para presentar su más reciente largometraje, Se busca, una obra que marca el cierre de una trilogía iniciada con Fecha de caducidad y continuada con Asfixia. La cineasta tapatía volvió a su ciudad con una película que, desde su perspectiva, representa un momento de reconciliación personal y creativa, así como una oportunidad para explorar nuevas formas de abordar temas que han atravesado su filmografía, como la pérdida, la violencia y la identidad.Durante la rueda de prensa, en la que también participaron las actrices Rocío Guzmán, Eileen Yáñez, Camila Calónico y el actor Fabián Corres, la realizadora expresó la emoción de presentar la película en su ciudad natal y en un contexto que considera significativo para su trayectoria profesional.“Soy de Guadalajara y me siento muy contenta y honrada de regresar con esta película en estas condiciones y con todos ustedes aquí presentes”, señaló.La película se centra en la historia de René, una adolescente que emprende un viaje hacia Ciudad Juárez en busca de respuestas sobre su origen. Lo que comienza como una huida se transforma en un proceso de descubrimiento personal, marcado por el encuentro con una joven que comparte con ella una historia similar y por la confrontación con una realidad social compleja. A través de este recorrido, la directora construye un relato que combina elementos de misterio con una exploración íntima de la identidad y el sentido de pertenencia.En ese contexto, Márquez explicó que la película surge de una inquietud personal por reflexionar sobre la relación entre la pérdida y la capacidad de reconstruirse. Para ella, el punto de partida de la historia fue la idea de examinar cómo el amor y la ausencia pueden transformar la vida de una persona y obligarla a replantear su identidad.“La idea era poder contar una historia cuya premisa partiera de un amor inmenso de un padre o de una madre hacia su hijo y explorar hasta dónde la pérdida de un ser humano te puede llevar cuando no hay resignación”, comentó.La realizadora subrayó que uno de los objetivos principales del proyecto fue abordar la experiencia de la pérdida desde una perspectiva femenina y a través de distintas etapas de la vida. Esta intención, explicó, ha estado presente en las tres películas que integran la trilogía, cada una centrada en personajes que enfrentan procesos de transformación emocional y social.“Para mí era muy importante explorarlo a través del punto de vista femenino y desde diferentes edades de mujeres. En esta ocasión tocó el turno a René y a Lara, dos personajes que parten de la pérdida no solo de un ser querido, sino también de su identidad”, dijo.El desarrollo del proyecto estuvo marcado por un proceso de investigación y de contacto directo con realidades sociales que influyeron en la construcción narrativa de la película. La directora recordó que una parte fundamental del trabajo creativo consistió en trasladarse a Ciudad Juárez, donde el equipo pudo conocer de cerca el contexto en el que se desarrolla la historia y comprender las implicaciones humanas de fenómenos como la violencia y las desapariciones.“Ir a Ciudad Juárez, estar ahí y sentir esa desolación y lo que sufre la ciudad en términos de feminicidio cambió profundamente la forma en que concebimos la película”, explicó.Para el elenco, el rodaje representó una experiencia intensa tanto en el plano profesional como en el personal. Las actrices señalaron que la convivencia durante las semanas de filmación permitió construir vínculos que se reflejan en la dinámica de los personajes dentro de la historia, especialmente en la relación entre René y Lara, que evoluciona a lo largo del relato.“Pasamos mucho tiempo juntas durante el rodaje. Estar en ese entorno y acompañarnos mutuamente nos hizo construir una relación cercana”, comentó Camila Calónico.La producción se desarrolló en dos ciudades: Ciudad de México y Ciudad Juárez, donde el equipo permaneció varias semanas trabajando en condiciones que, según los participantes, contribuyeron a fortalecer la cohesión del grupo y a profundizar en la dimensión emocional del proyecto.“Grabamos tres semanas en Ciudad de México y tres semanas en Ciudad Juárez. El momento más difícil fue filmar en Juárez, porque es una ciudad donde se percibe con fuerza la problemática social del país”, señaló Fabián Corres.En la conversación con los medios, la directora también abordó el proceso creativo que dio origen a la historia y explicó que el guion se desarrolló a lo largo de varios años, en diálogo con otros guionistas y a partir de experiencias personales relacionadas con la maternidad y la responsabilidad familiar. Este proceso permitió transformar la narrativa inicial y darle un enfoque más profundo y reflexivo.“Esta historia tiene ocho años en mi vida. La desarrollé con otros guionistas y el proceso fue cambiando conforme crecíamos y nos enfrentábamos a nuevas responsabilidades”, afirmó.Uno de los elementos narrativos más destacados de la película es la decisión de mantener ciertos aspectos de la trama abiertos a la interpretación del espectador. La directora explicó que esta elección responde a su interés por centrarse en el desarrollo emocional de los personajes, más que en la resolución explícita de todos los acontecimientos.“Tengo la costumbre de no responder todas las preguntas en mis historias, porque lo importante es lo que lleva a los personajes a actuar como actúan y lo que sucede en su interior”, señaló.A lo largo de la rueda de prensa, los participantes coincidieron en que el proyecto representa una oportunidad para reflexionar sobre temas que forman parte de la realidad contemporánea, como la identidad, la pertenencia y la capacidad de reconstruirse después de una experiencia traumática. Desde esta perspectiva, la película se propone explorar la dimensión humana de estos procesos sin recurrir a explicaciones simplificadoras.Para Márquez, el cierre de la trilogía implica también un momento de balance personal y profesional. Después de abordar historias marcadas por la violencia y el desamparo, la directora considera que esta nueva obra abre un espacio para pensar en la posibilidad de sanar y de reconciliarse con la vida.“Es una película muy luminosa para mí. Me reconcilia con mi cine, con mi vida y con lo que represento como mamá”, concluyó.MF