Viernes, 10 de Abril 2026

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El cuadro de Goya que el dictador español, Franco, quiso regalar a Hitler

Franco tuvo la intención de ofrecer este cuadro a Hitler porque entre ellos, apunta un experto, solían intercambiarse regalos

Por: EFE

La marquesa fue pintada por Goya en 1805 y el dictador español, Francisco Franco, encargó tres copias a otro pintor. EFE/ARCHIVO

La marquesa fue pintada por Goya en 1805 y el dictador español, Francisco Franco, encargó tres copias a otro pintor. EFE/ARCHIVO

El Museo del Prado cuenta una de las historias más singulares del patrimonio español, el retrato de 'La marquesa de Santa Cruz', de Francisco de Goya, expuesta por primera vez con una de las copias encargadas por Franco cuando quiso regalarle el original a Hitler. En esta nota te revelamos una historia de intriga, exportación ilegal y recuperación.

La marquesa fue pintada por Goya (1746-1828) en 1805 y el dictador español, Francisco Franco, encargó tres copias a otro pintor para compensar a los dueños del cuadro y así regalarle el original a Adolf Hitler, algo que no ocurrió.

Ahora, el original y una copia posan juntas en una muestra organizada por el Prado con motivo del 40 aniversario del regreso del cuadro a España, que se presentó este jueves.

La historia del retrato de Joaquina Téllez, una aristócrata ilustrada del siglo XVIII, tiene mucho de historia "con mayúscula", dijo el director adjunto de Conservación e Investigación del museo, Alfonso Palacio, porque se adentró en la política internacional en 1941, cuando Franco tuvo la intención de ofrecérsela a Hitler porque entre ellos, contó el experto, se intercambiaban regalos.

Esta es la historia tras el cuadro que Franco quiso dar a Hitler

El interés nazi surgió un año antes, cuando el jefe de las SS, Heinrich Himmler, recorrió el Museo del Prado y se fijó en la pintura, un retrato "originalísimo", como subraya el experto, en el que la marquesa posa como una musa de la música y el baile, aunque no fue eso lo que le atrajo, sino un adorno que tiene la lira que ella sostiene.

Era algo que aparentaba ser un símbolo que los nazis interpretaron como una cruz gamada, aunque en realidad se trata de un adorno que procede de las tradiciones decorativas de los etruscos y que puede verse en los enterramientos y en las tumbas escultóricas de los mismos. Es como un símbolo solar.

El regalo no se materializó, pese a haber pagado un millón y medio de pesetas a la familia propietaria y de hacer esas tres copias, pintadas por Francisco Núñez Losada, de las que solo se conserva fehacientemente la que se expone.

La marquesa posa como una musa de la música y el baile. EFE/ARCHIVO
La marquesa posa como una musa de la música y el baile. EFE/ARCHIVO
La pintura de Francisco de Goya, que constituye uno de los ejemplos más ilustrativos de la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales en España. EFE/ARCHIVO
La pintura de Francisco de Goya, que constituye uno de los ejemplos más ilustrativos de la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales en España. EFE/ARCHIVO

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“La marquesa de Santa Cruz” salió ilegalmente de España

La documentación del Museo constata que la obra estuvo en el Prado hasta 1944, cuando se devolvió a los dueños. En 1983, los entonces propietarios la vendieron con la condición de que no saliera de España, pero no se cumplió y salió clandestinamente del país.

Fue a Zúrich y desde allí pasó a manos de un empresario británico, Lord Wimborne, que la ofreció al Museo Getty de Los Ángeles por doce millones de dólares, aunque no la compraron al conocer que había salido de España de forma ilegal.

De eso tuvo conocimiento el Ministerio de Cultura español, que inició una compleja batalla legal internacional que terminó en 1986, cuando volvió al Prado.

El Ministerio de Cultura de la época se enteró de que iba a subastarse en Christie's, recurrió a los tribunales británicos y logró demostrar que los permisos de exportación eran falsos, lo que permitió negociar su adquisición por seis millones de dólares.

Cuarenta años después, la marquesa de Goya se muestra resplandeciente gracias a las manos de los restauradores, junto a una de sus copias, que evidencia el paso del tiempo.

Pero las dos enseñan a una mujer recostada y elegante, reflejo de una época en la que parte de la nobleza quiso identificarse con la cultura y la música. Una mujer serena ajena al revuelo que siglos después provocaría su imagen.

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