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Lunes, 18 de Noviembre 2019

Breves despedidas en forma de cuento

La traductora y autora Lorea Canales nos habla sobre sus “Mínimas despedidas”, una colección de trece cuentos para nunca olvidar

Por: Jorge Pérez

Lorea Canales. La traductora hace una interesante recopilación en “Mínimas despedidas”. ESPECIAL / Nagari Magazine

Lorea Canales. La traductora hace una interesante recopilación en “Mínimas despedidas”. ESPECIAL / Nagari Magazine

La editorial independiente Dharma Books publicó este 2019 la colección de cuentos “Mínimas despedidas”, de la escritora mexicana Lorea Canales, también traductora y periodista. Las relaciones humanas, su cambio con el tiempo y el olvido son algunos de los temas que toca en los trece cuentos que recoge este libro, publicados previamente en antologías y revistas entre 2016 y 2018. Antes de estos cuentos, la autora publicó las novelas “Los perros” (2013) y “Apenas Marta” (2011, traducido al inglés).

-El cuento que abre la colección se publicó en una recopilación de narrativa escrita en español en Estados Unidos (“Diáspora: Narrativa breve en español de Estados Unidos”), ¿qué tanto pesa en la manera de escribir esa característica de vivir en un país con otro idioma?

-Va a parecer una exageración, pero no lo es. Mi madre era de la Ciudad de México y tenía una forma de hablar que era muy distinta a la de los regios. Aprendí desde pequeña a navegar entre decir “soda” y “refresco”, “volante” y “manejera”, “incaible” y “pasador”. Después, a los dos años, entré a una escuela americana, donde me enseñaron a leer en este idioma, cat, hat, bat, que es sistema fonético distinto. En mi adolescencia viví en Europa y me sumergí en la literatura francesa. El resultado de esta mezcla se ve reflejado en mi escritura donde predomina el oído, la polifonía. Lo que se supone que sea un español puro, yo no lo tengo. Roberto Bolaño decía que él escribía en español o algo que se le asemeja. Llevo ya casi veinte años viviendo en Nueva York y mi español ahora está influenciado por todos los españoles de esta isla: dominicano, puertorriqueño y netamente pocho.

-Está presente un retrato de época de la sociedad, sobre todo con las costumbres sexuales y de pareja y cómo han cambiado, ¿cómo surge el interés de narrar en estos contextos?

-La nostalgia es una de las pulsiones detrás de los cuentos, el sentir que esas formas tan rígidas con las que yo viví eran ya de otra época, que mis recuerdos iban a acabar como los recuerdos de mis abuelas, anacrónicos. Mi abuela contaba cómo ella nunca estuvo sola con su novio antes de casarse, su madre siempre la acompañó. Eso hubiera sido impensable en mi juventud, tanto como lo que ahora cuento es irreal para mis hijas.

Obra. El libro de Lorea Canales ofrece una mirada fresca a las relaciones personales a través del cuento. ESPECIAL

-En varios cuentos está el tema del olvido, de manera muy simbólica en uno y ocasional en otros, ¿fue planeado?

-¿Sí? ¿No? No sé, ya no me acuerdo.

-Tras el olvido, en uno de los cuentos, está el redescubrimiento de la persona en su mundo; en otros textos está el descubrimiento (por los personajes que crecen), ¿consideras que es una característica de tu escritura?

-Quizás es una característica de la literatura en general, que al leer nos vamos descubriendo con los personajes. La lectura es una especie de despertar hacia el otro y uno mismo. Es un acompañamiento, aventura, y sí, descubrimiento.

-En varias ocasiones se mencionan escritores, como Roald Dahl o G.J. Ballard, ¿cómo asumir esas influencias? ¿Qué otros autores frecuentas?

-Llevo a cuestas un montón de lecturas, soy una lectora voraz pero desordenada. No analizo a autores sistemáticamente, aunque quizás debería. Espero empaparme de forma subconsciente, deseo que todo lo bueno que he leído, todo lo subrayado, quede de cierta forma en mí. Roald Dahl fue el primer autor que leí ‘de pé a pa’. A Ballard lo descubrí hace unos pocos años. Dejo que un libro guíe a otro. Hace poco leí “Tsunami” de Sexto Piso y a partir de ahí he leído a casi todas sus autoras: Daniela Rea, Sara Uribe, Gabriela Jáuregui. Daniela menciona a Brenda Navarro y leí “Casas vacías”. Ahora mismo estoy inmersa en José Juan Tablada, me desespera un poco su verborrea pero sus poemas me encantan.

-Igualmente, se mencionan otras disciplinas, como artes plásticas y arquitectura, ¿qué tanto te ha enriquecido como autora estar en contacto con otro tipo de producción creativa?

-La literatura es un arte completo. He escuchado a Plácido Domingo decir que la ópera contiene todas las artes pues es literatura en el libreto, arte gráfico en la escenografía, actuación y música. Para mí la literatura, con toda su humildad de ser sólo papel y tinta, debe tener música, arte y drama.

-¿Qué tanto se vincula este libro con el resto de tu obra?

-Es otra faceta, pero imagino que hay continuidad, en los cuentos se puede ver que soy la autora de “Apenas Marta” y “Los perros”, permanece la misma mirada, el humor. Son distintos, quizás más maduros. No lo sé.

-Sobre la publicación: ¿Cómo fue el contacto con Dharma Books? ¿Para ti cuál es la importancia de publicar en jóvenes editoriales independientes?

-Estoy encantada con mis jóvenes editores, son capaces de llenar un espacio esencial que las grandes editoriales no pueden abarcar. Está muy bien eso de los best-sellers, pero tiene que haber lugar para voces que sean más únicas, que no aspiren a complacer a todo el mundo. La diversidad nos nutre. Yo llegué a Dharma por una convocatoria que ellos hicieron porque buscaban autoras, quieren que su catálogo tenga paridad de género, lo cual es loable. Mandé los cuentos al concurso ¡y gané!

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