Martes, 21 de Abril 2026

Sebastián Lelio explora el cine como territorio de encuentro en el FICG

El cineasta ofreció la clase magistral El cine como un caballo de Troya

Por: Héctor Fernando Navarro Vázquez

Lelio celebra el festival y destaca el cine como creación colectiva y privilegio compartido. EL INFORMADOR/J.ACOSTA

Lelio celebra el festival y destaca el cine como creación colectiva y privilegio compartido. EL INFORMADOR/J.ACOSTA

En la Sala 3 del Conjunto Santander, dentro de las actividades del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, el cineasta Sebastián Lelio ofreció la clase magistral El cine como un caballo de Troya. El director chileno, quien fue reconocido con el Homenaje Iberoamericano en esta edición, ha construido una filmografía marcada por la observación del otro y la complejidad del ser, con títulos como Una mujer fantástica —ganadora del Oscar—, así como Gloria, Desobediencia, El prodigio y su más reciente musical La ola, estrenado en Cannes en 2025.

Lelio situó su intervención en un terreno humano. “Ha sido muy lindo ver cómo la ciudad se merece este festival y lo habita, lo participa, es algo muy admirable”, expresó, antes de agradecer el reconocimiento. Sin embargo, su discurso pronto se desplazó hacia lo que considera el corazón del cine: la colaboración. “Una de las cosas más alucinantes de hacer cine es tener la suerte de rodearse de compañeros y de personas extraordinarias, es un ejercicio de creación colectiva, una forma de comunicarse con los otros que es realmente un privilegio”.

 El director chileno fue reconocido con el Homenaje Iberoamericano. J./ACOSTA
 El director chileno fue reconocido con el Homenaje Iberoamericano. J./ACOSTA

Esa idea de colectividad se conecta directamente con su forma de entender la identidad en pantalla. Lelio insistió en su interés por mirar hacia afuera. “Yo creo que lo que me ha nacido es hacer un cine sobre el otro, la otra, no sobre mí, trato de encontrar estrategias justamente para quitarme del medio”, explicó. En esa aparente contradicción —ser el autor y, al mismo tiempo, apartarse— encuentra la posibilidad de observar con mayor profundidad.

Para el cineasta, la cámara no registra el momento en que un actor se enfrenta a su propio proceso creativo. “El cine ofrece como regalo poder observar la batalla artística de un actor y documentalizar no la ficción, sino ese pedazo de realidad que ocurre frente a ti”, dijo. En ese sentido, su trabajo consiste en crear las condiciones adecuadas para que surjan esos instantes impredecibles, “esas chispas… que escapan a todo programa”.

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Aunque su obra ha sido leída desde la identidad —tema presente en gran parte de sus películas—, Lelio matiza esa aproximación desde su propia experiencia. “Yo hablo de mí cuando voy a terapia”, bromeó, para luego reconocer que su historia personal, marcada por desplazamientos y cambios, ha influido en su mirada. “La identidad ha sido un tema súper profundo… no sólo como algo dado, sino como construcción, como posibilidad de libertad, como territorio abierto”.

Esa perspectiva se traduce en una estrategia narrativa clara, el punto de vista radicalmente cercano a sus personajes. En sus películas, explicó, la cámara nunca sabe más que ellos. “Está confundida con ellos y eso genera una conexión muy interesante con el espectador”, señaló.

El origen de esa mirada se remonta a su infancia. Criado en constante movimiento, sin permanecer demasiado tiempo en una sola ciudad, Lelio encontró en los libros y la poesía un primer refugio creativo. “Eso me forjó”, recordó sobre los veranos en casa de sus abuelos, donde el contacto con la literatura abrió una posibilidad de vida distinta. Aunque intentó escribir poesía, fue el cine el medio que terminó por absorber esa inquietud. “Me parecía un problema lo suficientemente complicado como para dedicarle la vida”, afirmó.

El cineasta reconoció la complejidad constante del oficio. Comparó la dirección con una sala de urgencias. J/ACOSTA 
El cineasta reconoció la complejidad constante del oficio. Comparó la dirección con una sala de urgencias. J/ACOSTA 

En su relación con actores y actrices, el director también privilegia la intuición sobre la teoría. "Creo que lo que las une es mi deseo de filmarlas”, dijo, subrayando que el personaje, en última instancia, cobra sentido sólo cuando un cuerpo lo encarna. “Hasta que no llega un actor o una actriz a poner su cuerpo, no aparece algo real”.

Esa filosofía se extiende al ambiente de rodaje, donde Lelio procura construir espacios de confianza. “Necesito un set en el que no haya tensión artificial, es suficiente con la que implica filmar”, explicó. Para él, dirigir es establecer un tono, un lugar moral donde la creación sea posible, sintetizó.

El cineasta reconoció la complejidad constante del oficio. Comparó la dirección con una sala de urgencias, donde cada escena implica una resolución inmediata. Aun así, defendió el carácter colectivo del cine como su mayor fortaleza. “Cuando los seres humanos se reúnen y se afinan entre ellos, es más poderosa esa suma que una sola mente”.

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