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México y EU destraban conflicto de agua

Tras décadas de tensiones y nuevas presiones de Trump, los Gobiernos sellan un acuerdo para el trasvase de la cuenca del río Bravo hacia Estados Unidos

Después de meses de fricción diplomática, amenazas comerciales y un trasfondo de sequía histórica, México y Estados Unidos anunciaron un acuerdo para el trasvase de agua en la cuenca del río Bravo, en el marco del Tratado de Aguas de 1944, uno de los instrumentos binacionales más antiguos —y más conflictivos— entre ambos países.

El anuncio fue hecho por los departamentos de Estado y Agricultura de Estados Unidos, que informaron que México se comprometió a entregar un mínimo de 431.7 millones de metros cúbicos anuales. El objetivo, según Washington, es brindar certidumbre a los productores agrícolas y comunidades rurales del valle del bajo río Grande, una de las regiones más dependientes del caudal transfronterizo.

El acuerdo llegó tras una llamada telefónica sostenida la semana pasada entre Donald Trump y Claudia Sheinbaum. De acuerdo con el comunicado oficial, ambos coincidieron en la necesidad de resolver “desafíos de larga data” en la gestión del agua y evitar que el conflicto escale a un terreno comercial o diplomático mayor. Para dimensionarlo, el consumo anual de agua pactado abastecerá alrededor de ocho millones de personas al año en Estados Unidos.

La tensión no era menor. En diciembre pasado, Trump amagó con imponer un arancel del 5% a productos mexicanos, acusando al Gobierno de incumplir el tratado firmado en 1944, el cual regula el reparto de las aguas de los ríos Colorado, Bravo y Conchos.

El conflicto se reavivó al cierre del ciclo anterior, cuando Estados Unidos aseguró que México mantenía un adeudo. La explicación mexicana ha sido reiterada: una sequía extrema y prolongada en el norte del país, que redujo drásticamente los niveles de presas estratégicas como La Boquilla y El Granero, y detonó incluso protestas sociales en Chihuahua.

Desde el lado mexicano, el acuerdo fue presentado no como una concesión política, sino como el resultado de un trabajo técnico sostenido. Las secretarías de Relaciones Exteriores, Agricultura, Medio Ambiente y la Comisión Nacional del Agua informaron que se pactó un plan técnico para la gestión del agua en la cuenca del río Bravo, respetando los mecanismos previstos en el tratado y priorizando el derecho humano al agua y la alimentación.

“El plan establece una ruta clara y previsible frente a la sequía extrema”, señalaron las dependencias, al tiempo que destacaron la incorporación de infraestructura hidráulica y acciones de adaptación de largo plazo.

Claudia Sheinbaum descartó que el acuerdo represente un riesgo de desabasto para entidades como Nuevo León. “No, no es cierto”, afirmó en su conferencia matutina, al precisar que, en todo caso, la región con mayores presiones hídricas sigue siendo Tamaulipas. Subrayó que su gobierno impulsa una inversión histórica para la tecnificación del riego agrícola.

Así, el conflicto del agua —que por más de ocho décadas ha sido un termómetro de la relación bilateral— entra en una nueva fase. El acuerdo no disipa la sequía ni borra las tensiones históricas, pero sí evita, por ahora, que el agua se convierta en un nuevo frente de guerra comercial entre México y Estados Unidos.

Ronald Johnson destacó el compromiso de México con su país. AFP

Embajador de EU celebra plan técnico de aguas con México

El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, celebró el anuncio de un plan técnico bilateral “histórico” para la gestión del agua en la cuenca del río Bravo, marcó que fortalece la aplicación del Tratado de Aguas de 1944 y genera “resultados concretos” tras años de negociaciones técnicas entre ambos países.

El diplomático describió el acuerdo como una hoja de ruta clara que establece entregas mínimas garantizadas de agua —alrededor de 431.7 millones de metros cúbicos al año— y un mecanismo de coordinación mensual entre las agencias hídricas de México y Estados Unidos. Este esquema, dijo, busca dar mayor transparencia y predictibilidad a la distribución del recurso, evitando la acumulación de adeudos que históricamente han sido motivo de tensiones entre los dos países.

Johnson atribuyó el avance “al trabajo conjunto” bajo las administraciones del presidente estadounidense Donald Trump y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y destacó que el entendimiento “muestra de manera inequívoca cómo el compromiso conjunto y la colaboración sostenida permiten alcanzar soluciones duraderas que benefician a las comunidades y a la agricultura en ambos lados de la frontera”.

El río Bravo, conocido como río Grande en Estados Unidos, es una fuente vital de agua para poblaciones, agricultura e industrias en el norte de México y el sur de Estados Unidos bajo el marco del Tratado de Aguas de 1944, un acuerdo binacional que regula la distribución de aguas de este río y del río Colorado entre ambos países.

El plan celebrado ayer refleja un compromiso por coordinar de manera más estrecha los flujos de agua y cumplir con obligaciones de entrega anual, en un contexto de desafíos climáticos que han afectado la disponibilidad del recurso en la región fronteriza.

Especialistas señalan que este tipo de acuerdos técnicos, complementarios al tratado histórico son clave para mitigar déficits de agua y fortalecer una cooperación que ha sido puesta a prueba por variaciones climáticas y demandas de usuarios agrícolas en Texas y el norte de México.

El Tratado de Aguas entre México y Estados Unidos

1944: Se firma el Tratado relativo al aprovechamiento de las aguas de los ríos Colorado y Tijuana y Bravo (Grande), que establece las bases para la distribución y aprovechamiento de aguas internacionales entre ambos países.

1950-1960: Se construyen obras hidráulicas clave contempladas en el tratado, como la presa Falcón (1953) y la presa La Amistad (iniciada en 1963).

1969: Mediante la Minuta 234 de la CILA se establecen los criterios para manejar las sequías extraordinarias.

2010–2015: Aumentan las tensiones por sequías prolongadas en la cuenca del río Bravo y dificultades recurrentes de México para cumplir con las entregas en algunos ciclos quinquenales.

2020: El cierre del ciclo 2015-2020 genera fuertes conflictos sociales en Chihuahua y presiones diplomáticas de Estados Unidos por el cumplimiento del tratado.

2025: Estados Unidos incrementa la presión política y diplomática por presuntos incumplimientos de México en el ciclo en curso; amenaza con establecer aranceles.

2026: Ambos países anuncian un acuerdo operativo adicional para hacer más predecibles las entregas anuales de agua durante el ciclo vigente.
 

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