"Y si lo encuentro yo, ¿qué te hago?": Madres buscan a sus hijos hasta traerlos de regreso
"Y si lo encuentro yo, ¿qué?", es una frase que enmarca la búsqueda de Verónica y Raquel, que no descansaron hasta encontrar a sus hijos
Entre las frases más comunes de las mamás están, por ejemplo, "ponte suéter", "te enfermaste por andar descalzo", “te lo dije” o "eso te pasa por no hacer caso". Sin embargo, una de las que siempre tendremos presente será "¿Y si lo encuentro yo, qué te hago?".
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Esta en particular cobra sentido cuando son las madres quienes salen al campo a buscar a sus hijas e hijos desaparecidos; en lugar de que los ministerios públicos investiguen, les preguntan: "¿Ahora qué información me tiene?", porque saben bien que son ellas quienes los buscan a pie en su colonia, en la última ubicación en la que estuvieron, quienes incluso tienen que vender sus pertenencias para viajar y encontrarlos, hasta que lo hacen, no importa si es debajo de la tierra o de las piedras.
Madres buscadoras y colectivos buscan hasta encontrar
Raquel es una de esas madres que, con ayuda del colectivo Corazones Unidos en Busca de Nuestros Tesoros, encontró a Jesús Yahir. Tenía 25 años cuando desapareció aquel 16 de junio de 2023. Salió a trabajar y ya no regresó. Desde ese día Raquel salió a las calles, lo buscó en cada rincón de Ameca, todos los días. Tocó puertas; hubo personas que le quitaron dinero por supuestos informes que nunca fueron reales, pero ni un solo día dejó de buscarlo.
En un Estado donde 13 mil 886 personas están desaparecidas, solo en dos ocasiones, en los poco más de dos años que Jesús estuvo desaparecido, el Ministerio Público que había sido asignado al caso la buscó, y únicamente para preguntar si no tenía más información. ¿No es su trabajo el investigar? ¿O era el mío?", cuestionó Raquel.
Desde su corazón, sí era su deber encontrar a Yahir, porque ante esa desatención de las autoridades, sentía que nunca iba a volver a saber de él. Fue a los 8 meses, en el mes de febrero, cuando una llamada anónima le dijo que Yahir ya no estaba vivo, que lo buscara en un terreno en San Antonio Matute, también en Ameca, debajo de una piedra en particular.
Ella y sus hijos fueron a buscarlo ese mismo día, y aunque buscaron por un rato entre la tierra, no lo encontraron. Sí vieron la piedra, pero era bastante grande para moverla ellos solos. Al darse cuenta de que eran observados desde el cerro, salieron de inmediato y reportaron al Ministerio Público. Aunque le dijeron que habían ido al sitio a buscar, tampoco lo hallaron.
La ardua búsqueda de Raquel para encontrar a su hijo
Así siguió Raquel buscándolo por meses, hasta que, al darse cuenta de que los colectivos tenían hallazgos positivos, les escribió a unos cuantos, sin que alguno pudiera ayudarla a trasladarse hasta Ameca. Fue Roxana y la red de buscadoras de Corazones Unidos en Busca de Nuestros Tesoros la que el 28 de febrero de 2025 se dirigió a San Antonio Matute a la búsqueda.
“Era la primera vez que íbamos a búsqueda con ellas; siempre nos dieron muchos ánimos, y en cuanto empezamos a escarbar, mi hijo encontró carboncito”. "El personal de la Comisión de Búsqueda dijo que era normal, que por haber un arroyo en el lugar bajaba el carbón de los árboles quemados en el cerro, pero él no hizo caso y siguió escarbando, y al poquito sacó unos aros aprehensores", dijo la mujer.
Fue entonces que, al seguir buscando en conjunto, las buscadoras de este colectivo confirmaron el hallazgo de restos humanos calcinados. Se prospectaron en ese espacio varios puntos, y en todos salieron piezas de osamentas, pero no estaba ahí Yahir, por lo menos no su cuerpo como ella pensaba que lo encontraría, aunque su cabeza y su corazón continuaran diciéndole que Yahir podría estar vivo.
Por varios días el colectivo, y ella misma, siguieron buscando sin hallarlo. Incluso, personal forense se quedó en el sitio sacando más restos, pero todavía no había seña de Yahir. Todavía fue a búsqueda a la barranca, con la esperanza de ver si ahí pudiera salir su cuerpo "o de verlo llegar", pues días antes lo había soñado.
“Tres días antes de encontrarlo lo soñé, soñé que llegaba por atrás de la casa y me hablaba”. Yo le decía que me daba mucho gusto verlo, que apenas 'pasado mañana' íbamos a ir a buscarlo. Yo lo veía muy flaquito, y lo que nunca había hecho, ese día lloró, entonces desperté", contó Raquel.
Yahir tardó dos meses en “regresar”
Esa semana sería el cumpleaños de Yahir, y Raquel ya no podría ir a búsqueda en campo porque tenía que volver a trabajar. Le pidió con todo su corazón que, si quería que lo encontrara, por favor la ayudara. Así, en el último día de búsqueda de Corazones Unidos en Busca de Nuestros Tesoros en San Antonio Matute, entre ocho personas movieron la piedra donde se suponía estaba el joven. Y ahí lo hallaron; fue ella misma quien hizo la oración de agradecimiento y quien le dijo: "Ya te encontramos, ya vas a regresar a casa", aunque todavía sin saber que se trataba de Yahir.
Tenía todavía poquito cabellito. Lo hallamos con una chamarra. Mi hijo me decía: “Mamá, es mi hermano”, pero no quería que se hiciera ilusiones y yo le decía: "No, hijo, todos se parecen, pero de todas formas ya lo encontramos; si no es tu hermano, ya va a regresar a casa, pero si es, es gracias a Dios", contó Raquel.
Así siguió saliendo la tierra, hasta que se le vio el short, luego uno de sus tenis. Entonces el hermano de Yahir gritó, luego lloró, y después Raquel junto a él, siempre acompañados de las integrantes de Corazones Unidos en Busca de Nuestros Tesoros.
Dos meses pasaron hasta que Yahir fue entregado
Dos meses tardaron en entregarle su cuerpo, luego de hacer cruces dentales para corroborar que era Yahir, puesto que, según le comentaron las autoridades a Raquel, "debido a que estaba en un cuerpo de agua, ya no tenía ADN", pero ella lo sabía, sabía que era su hijo. El 6 de mayo de 2025 su cuerpo le fue entregado, y entonces decidió que lo llevaría al rancho, donde a él le gustaba estar.
"Nosotros somos de Atengo". “Allá crecimos en el rancho, y nos venimos cuando mis hijos iban a pasar a la secundaria, para que tuvieran un mejor futuro”. Pero a Yahir nunca le gustó Ameca; él cada que podía se iba al rancho con su abuela, con mi mamá. Le gustaba andar en el campo, sabía hacer de todo; sobre todo le hallaba muy bien a la obra. Aquí en eso trabajaba con mi pareja, que siempre fue como su papá. Le gustaba mucho cazar güilotas e ir a pescar, y por eso decidimos llevárnoslo para allá, y lo enterramos en el Panteón de Atengo. "Yo voy seguido a visitarlo, pero mi mamá es la que va casi diario a arreglarle", contó Raquel.
Aunque ni el Ministerio Público ni nadie le dijo qué pasó con la carpeta de investigación de desaparición de Yahir, o si hay alguien que busque al responsable de su desaparición y muerte, ella sabe que lo encontró, y que el pesar de buscarlo hoy es menor porque ya sabe dónde está; además, debe ser fuerte porque todavía tiene tres hijos (dos hijos y una hija), además de una nieta, por quienes seguir.
Nunca se olvidan
En casa, una foto de Jesús Yahir, quien hoy tendría 28 años, enmarca la pared de la cama de la mujer, mientras en un mueble a la entrada de la vivienda se enmarca el altar de triplay que una amiga del joven le regaló para recordarlo siempre. Hay algunas velas, un trago, una botella miniatura de tequila y todas las esperanzas de que un día Raquel vuelva a ser la misma de antes, pues dijo que, aunque ya no busca a Yahir, porque ya lo encontró, el pesar de su pérdida todavía no es superado y probablemente nunca vaya a pasar.
“Yo lo veo y le digo: Mira, papi, te dije que te iba a encontrar y te encontré”. “Y ya te traje a descansar”, pero ya está ahí mi niño. Y aunque algunos piensen que descansamos nosotras, quienes ya encontramos a nuestros muchachos, la verdad es que uno jamás volverá a descansar igual, porque no podremos volver a abrazarlos nunca. Pero yo estoy bien agradecida, primero con Dios, luego con el colectivo, y en tercero con Roxana, porque gracias a ellos es que encontramos a Yahir. Y así vamos a seguir buscando, hasta que no nos falte ninguno”, finalizó Raquel.
“Si las autoridades hubieran hecho algo, lo hubiera encontrado a los días que lo desaparecieron”.
“Y si lo encuentro yo, ¿qué?”
“Y si lo encuentro yo, ¿qué?” es una frase que también enmarca la búsqueda de Verónica, madre de Luis Adrián Camarena Cuevas, que se mantuvo buscándolo por ocho años, tiempo que pudo reducirse incluso a los pocos días en los que lo vio por última vez.
Como toda mamá, antes de despedir a su hijo, todos los días al salir, le daba la bendición. Pero ese día no fue así; la última vez que lo vio estaba molesta con él. Luis llegó y le avisó que saldría de viaje, y como estaba sentida, lo dejó ir sin despedirse, y también sin saber que sería la última vez que lo vería con vida.
Luis era trailero. Viajaba a muchas partes, principalmente a Monterrey y de vez en cuando a Puerto Vallarta. La última vez que lo vio, el 17 de enero de 2018, según recuerda, fue un jueves, y el sábado ya había puesto la denuncia por su desaparición, pues de pronto su número dejó de recibir llamadas, y él tampoco se comunicó. Salió de su casa, ubicada en Tlajomulco de Zúñiga, municipio de origen de alrededor de mil 50 personas de quienes hoy se desconoce su paradero, según las cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas o No Localizadas.
Verónica inició la búsqueda desde el primer día
Desde un inicio, Verónica buscó a su hijo por calles de la colonia Las Luces, en Tlajomulco de Zúñiga, y también en la finca donde vivía el sujeto que siempre lo buscaba, quien le había vendido su moto, y con quien convivían otros jóvenes de la colonia, en un domicilio de una colonia contigua.
Toda la información que tenían ella, su esposo y el resto de sus hijos, la entregaba al Ministerio Público que le habían asignado, pero no se movieron. Solo le preguntaban: “¿Ahora qué nos trae?”. Ella tenía nombres, direcciones, fincas, pero no ocurría nada.
Todos en la colonia se conocen, y habían visto que él había entrado a esa finca. Pero no hablaron nunca porque también ahí frecuentaba “gente pesada”. Ya no lo vieron salir. No habían pasado 15 días cuando consiguió que el MP entrara.
En la vivienda había restos de cemento fresco. Ella pidió que se indagara el lugar, pero le dijeron que no significaba nada, que “simplemente habían hecho mezcla”, y por eso había quedado la marca.
Ella no se quedó tranquila. De igual forma, siguió buscando, encontró la moto de su hijo en la vivienda de aquel sujeto, le preguntó por qué la tenía y él dijo que Luis se la empeñó antes de irse, que ya no lo buscara, que se había ido con una mujer.
La búsqueda se extendió fuera del estado
Ella sabía que si eso hubiera ocurrido así, él se lo hubiera dicho. Siguió buscando. Ni un momento paró. Incluso, él y su esposo Francisco comenzaron a vender sus cosas para salir a otros estados a buscarlo; viajaron a Monterrey, a Puerto Vallarta, sin pistas y a pura corazonada, lugares a donde lo mandaban de viaje en el tráiler. Visitaron Semefos innumerables veces, aprendió cada uno de los procesos para identificar cuerpos, vio cientos y cientos de fotos, y ninguno era Luis.
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Se quedaron con casi nada; quedó un refrigerador, una cama, un mueble y la moto de Francisco, con la que se trasladaba a la ruta de camión que manejaba. Alguien se comunicó con ella y le dijo: “Está en esa casa” Búsquelo ahí”. Esa casa donde ya había estado antes, donde pasó innumerables veces, pero no había forma de entrar. Con el paso de los años, las personas con las que se juntaba Luis se fueron. Del grupo de amigos, al menos tres están desaparecidos, también el sujeto que le “vendió”.
Verónica unió esfuerzos con Corazones Unidos
Habían pasado seis años. Y estuvo a punto de parar. Pero las mamás siempre encuentran todo. Fue entonces que se comunicó con el colectivo Corazones Unidos en busca de nuestros tesoros, y comenzó a colaborar con ellas.
A Roxana le comentó que se habían comunicado con ella para decirle que su hijo estaba en un parque cercano. Las buscadoras prospectaron y excavaron, pero nada salió, y luego les comentó que también le habían dicho que estaba en “aquella” finca. Le dijeron que se iban a organizar para ir.
Como si de una película se tratara, su hermana Michelle había soñado con su hermano Rigoberto, quien ya había fallecido. Le decía que estaba muy cansado, que por favor ya fueran por él, que estaba en esa casa, la misma que habían visitado desde los primeros días en que Luis fue visto por última vez.
Y así, un día que Roxana y las buscadoras de Corazones Unidos en busca de nuestros tesoros estaban en una prospección cerca de su casa, Michelle les pidió que por favor la acompañaran a ese domicilio, pues estaba segura de que ahí estaba su hermano. Hasta ahí fueron ellas, y como si se tratara de algo irreal, tras los primeros picotazos al cemento, ese que los MP dijeron que “era una huella de que habían preparado mezcla”, ahí se encontró un cuerpo.
Estaba amarrado de las manos y cubierto de la cabeza, pero tenía puesta todavía una medalla de San Judas Tadeo que siempre llevaba; ahí supo que era Luis, el que siempre estuvo ahí, a quien su madre había buscado por años, y quien, con la valentía de Roxana, las buscadoras y su hermana, fue encontrado el 04 de abril del 2024. Llamó a su madre, y así, tras años de buscarlo hasta en otros estados, la búsqueda concluyó.
Una vez en el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, Luis fue reconocido plenamente por prueba de ADN, con un cruce al 99.9% con el señor Francisco. Tras ser entregado a su familia, fue llevado a descansar a una cripta del Panteón Jardín, en Guadalajara, aunque su sueño era que, si un día llegara a faltar, esparcieran sus restos en una playa.
Luis regresó a casa
En casa, Vero le ha hecho un pequeño altar, lo primero que se observa al abrir la puerta para entrar a su casa. La foto de Luis está acompañada siempre de una veladora y su vaso de agua por si le da sed.
A un costado, en una pared, luce orgulloso, abrazado de su hermano Rigoberto, en una foto que alguien editó para Vero, para volverlos a ver juntos, mientras San Judas Tadeo, ese que estaba plasmado en la cadena que les permitió reconocer su cuerpo desde que fue descubierto bajo el cemento.
Luis se fue y ya no regresó, y yo quedé con mi alma hecha pedazos. Pero gracias a Dios y al colectivo, a Roxana, hoy sé dónde está y ya tengo dónde llorarle. “Ahí en la foto los siento como si siguieran vivos, y es lo único que me da esperanza, pensar que ya los dos están juntos”, expresó la mujer.
Roxana, líder del colectivo Corazones Unidos en Busca de Nuestros Tesoros, que comenzó búsquedas en campo en 2021, ha sido pieza clave para estos hallazgos, gracias a su lucha constante y al equipo de buscadoras y buscadores. Sin embargo, todavía lucha por encontrar a su hijo (esperando el nombre del hijo).
Como ocurrió en el mismo caso de Raquel, Vero no volvió a saber nada del Ministerio Público que llevaba el caso por la desaparición de Luis. Y aunque, de acuerdo con la fiscal especial en personas desaparecidas, Blanca Trujillo, los protocolos establecen que las indagatorias deben continuar, ahora para esclarecer el asesinato por tratarse de hallazgos en fosas clandestinas, es fecha que ninguna tiene información que les permita sentir que hay justicia por la desaparición y el homicidio de sus hijos.
Tan grande es el amor de una madre por sus hijos, y tan grande su conexión con ellos, que no termina solo en encontrar las cosas que buscan o que han perdido, sino que, en muchas ocasiones, como Verónica y Raquel, no descansarán hasta encontrarlos, no importa si es debajo de las piedras o el mismo cemento, esperando que un día las casi 14 mil personas desaparecidas en la entidad también regresen con sus seres queridos.
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