Internacional

La taxista rusa que va contra la corriente

"No es una profesión masculina", comparte Svetlana al referirse a los estereotipos sobre su trabajo

La rusa Svetlana trabaja como conductora de taxi desde hace tres años y está muy contenta. "No es una profesión masculina, aunque los hombres la hayan monopolizado", asegura mientras maneja el volante de un Hyundai Solaris ataviada con una cazadora y un gorro de punto con pompón, y, cómo no, una mascarilla protectora.

Rusia tiene cerca de un centenar de profesiones prohibidas para las mujeres después de reducir esa lista de un total de 456 oficios.

Ser taxista no es una de ellas, pero sigue siendo una especie de tabú para las mujeres en este país.

Un trabajo seguro y que nunca falta

"Muchas creen que es un trabajo peligroso, pero no es así. Yo no he tenido ningún incidente en todo ese tiempo", dice mientras cruza Moscú de Norte a Sur.

Hay tiempo; conducir por la ciudad en un día laborable suele convertirse en una odisea, y Svetlana cuenta su historia para hacer más llevadera la espera en los largos atascos.

Hace tres años trabajaba como comercial en una empresa y se veía obligada a recorrer Moscú cada día para encontrarse con los clientes de su firma.

"Fue entonces cuando pensé que podía ganarme un dinero extra si compaginaba ese trabajo con el de taxista, pero dos semanas después de que empezara a hacerlo, cerraron mi empresa y me puse al volante a tiempo completo", recuerda.

Entre las ventajas de ser conductora de taxi, Svetlana menciona el horario cómodo y la ausencia de un jefe que te vigila constantemente.

"Los clientes suelen ser agradables, pero no trabajo por las noches, prefiero madrugar y hacer un turno de día para no tener que conducir por la noche", señala.

Mujer taxista, motivo de sorpresa

Svetlana dice que todavía hay personas que se sorprenden cuando ven a una mujer taxista, pero no son mayoría. "Qué más da si es un hombre o una mujer siempre y cuando sepa conducir bien", afirma.

En el entorno cercano de Svetlana no hay otras taxistas, pero cuenta que hace poco conoció a una pensionista moscovita de 60 años que decidió también ser conductora de taxi. "Eso me llamó hasta a mí mucho la atención", reconoce con una sonrisa.

No piensa cambiar el trabajo en el futuro próximo, porque "hay mucha incertidumbre por el coronavirus y mucha gente ha perdido su empleo", pero "un taxi es un taxi" y siempre tendrá quien lo llame, aunque esto ya no se haga con levantar la mano, sino a través de una aplicación.

Según una encuesta realizada en 2020, la mitad de los rusos ve con buenos ojos que una mujer trabaje como taxista, mientras el 41% tiene una postura neutral y el 8% no lo aprueba.

Los participantes en el sondeo destacaron que las mujeres conducen con más cuidado que los hombres y suelen tener el vehículo más limpio. Además, muchos rusos mencionaron el buen trato y la buena conversación que tienen las mujeres taxistas.

El polémico “taxi femenino”

En algunas ciudades rusas, como Moscú y San Petersburgo, existe el servicio del "taxi femenino", donde solo trabajan conductoras mujeres.

Estas iniciativas fueron muy criticadas por páginas feministas rusas que abogan por el cese de la discriminación en el trato a las mujeres que optan por ponerse al volante de un taxi en Rusia.

Para Svetlana, la existencia misma de estos servicios es un atavismo.

"Estamos en pleno siglo XXI, ¿de qué taxi femenino se puede hablar?", lamenta y recuerda que las mujeres rusas con prohibiciones o sin ellas siguen haciendo prácticamente los mismos trabajos que los hombres, aunque a veces haya que esquivar los vetos impuestos de forma artificial.

JL

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