Ideas

Un hombre llorando

Al secretario de la Defensa de México, Ricardo Trevilla Trejo, se le quebró la voz, estaba a punto de llorar, pero se contuvo. Vestido de militar, con traje verde camuflajeado, daba el pésame a las familias de los 25 soldados de la Guardia Nacional que murieron en Tapalpa, Jalisco, durante el operativo para detener a Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, cuando se le entrecortó la voz.
“Aprovecho primero para dar el pésame a las familias de nuestros compañeros que perdieron la vida…”, dijo antes de hacer una pausa, tomar aire y reprimir las lágrimas.

El llanto contenido de un alto mando militar -en medio de la tensión, el miedo y la incertidumbre en el país- se volvió parte de la conversación. Todavía hoy, cuando un hombre llora en público, el gesto se convierte en acontecimiento. Se viraliza. Se comenta. Genera sorpresa, incomodidad o juicio. La reacción social frente a las lágrimas no es neutral, no es igual para todos.

¿Por qué sigue sorprendiendo que un hombre adulto llore? Porque el estereotipo tradicional de masculinidad se asocia con fortaleza, autocontrol, dureza, racionalidad, negando la vulnerabilidad. Y las lágrimas contradicen esa narrativa de dominio emocional. Desde la infancia se obliga a los varones a contenerse cada que, erróneamente, se les impone que “los hombres no lloran”.

Y aunque ver llorar a una mujer suele interpretarse como algo comprensible o hasta esperado (porque históricamente se ha asociado lo femenino con sensibilidad, emotividad y fragilidad), ese “permiso” para llorar tiene una trampa. En espacios laborales, como figuras públicas o en el ámbito político, si una mujer expresa emoción se le percibe con menor liderazgo o estabilidad. ¿Qué habría pasado si la del llanto contenido hubiera sido la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, durante esa misma rueda de prensa? El llanto femenino se normaliza, pero al mismo tiempo se utiliza para cuestionar autoridad.

Hay lágrimas que ayudan a lubricar los ojos o que son provocadas por algún irritante, pero el llanto emocional es un fenómeno exclusivamente humano. El psicólogo neerlandés Ad Vingerhoets, especialista en el estudio del llanto adulto, ha documentado que las lágrimas emocionales tienen funciones sociales: incrementan la empatía, favorecen el apoyo interpersonal y fortalecen vínculos. Llorar tiene científicamente sentido.

Dejemos de sorprendernos cuando un hombre llora y de trivializar cuando lo hace una mujer. Las lágrimas no tienen género. Llorar no es debilidad ni falta de control. Es reconocimiento de lo que duele, importa o desborda. Llorar nos hace profundamente humanos.

Temas

Sigue navegando