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¿Tus datos te están diciendo la verdad sobre tus clientes?

Hace algunas semanas, en una sesión con un equipo directivo, alguien presentó con orgullo sus dashboards: conversiones al alza, tráfico estable, indicadores en verde. Todo parecía indicar que iban por buen camino. Sin embargo, en esa misma mesa surgió una pregunta incómoda desde la fuerza de ventas: ¿por qué, si los números se ven bien, cada vez cuesta más trabajo vender? El silencio fue revelador.

Y no es un caso aislado. Hace algunos días, Luis Miguel González, en la edición 2026 de los Premios Morningstar, afirmó que este no es un año de certezas, sino de acertijos. Y afirmó que, en un entorno así, construir escenarios relativamente estables se vuelve una tarea compleja. Difícil encontrar una mejor descripción del momento que estamos viviendo.

Por eso vale la pena detenerse en la pregunta de fondo: ¿realmente estamos entendiendo a nuestros clientes o solo estamos viendo datos con colores atractivos?

De acuerdo con estudios de Deloitte y McKinsey, más del 60% de las organizaciones reconoce que, aunque cuenta con grandes volúmenes de información, no logra traducirlos en decisiones efectivas centradas en el cliente. El problema no es la falta de datos, es la falta de entendimiento.

Y esto se vuelve evidente cuando observamos ciertos cambios en el consumo.

Por ejemplo, el llamado “nuevo lujo”. Hoy, para muchos segmentos, el lujo ya no es acumular, sino elegir: tener tiempo para sí mismos, experiencias significativas y priorizar su bienestar. No es casualidad que, según el Global Wellness Institute (2023), la economía del bienestar supere los 5.6 billones de dólares a nivel global, creciendo por encima de otras industrias. Al mismo tiempo, estudios de McKinsey & Company (2024) y Eventbrite con Harris Group muestran que más del 70% de los millennials prefieren invertir en experiencias antes que en bienes materiales. Casos como Airbnb o Lululemon reflejan esta transformación. No venden solo productos o servicios, venden formas de vivir mejor.

Pero ese cambio de conducta no siempre aparece con claridad ni con oportunidad en un reporte interno.

Lo mismo ocurre con la fricción. Según el estudio Future of Customer Experience de PwC, el 32% de los consumidores abandonaría una marca que le gusta después de una sola mala experiencia. En América Latina ese porcentaje puede ser incluso mayor. Sin embargo, muchas de esas experiencias no quedan registradas como fallas en los sistemas tradicionales. No aparecen en los dashboards ni generan alertas inmediatas. Se sienten, pero no se miden, o cuando se detectan, ya es demasiado tarde.

Piense en algo más cercano. Si alguna vez ha revisado los indicadores de satisfacción en hospitales, es probable que sean buenos o incluso muy buenos. Tiene lógica. Cuando se salva una vida o se recupera la salud, la evaluación general tiende a ser positiva. Pero eso no refleja la experiencia completa. El trato pudo haber sido frío, la comunicación deficiente o la comida poco digna. Sin embargo, nada de eso pesa lo suficiente frente al resultado final y, por lo tanto, tampoco aparece en el tablero de indicadores.

En otro proyecto, un cliente presumía niveles de satisfacción consistentemente altos. En el papel, todo indicaba que la experiencia que vivían sus clientes era sobresaliente. Sin embargo, al profundizar en el perfil de sus consumidores, encontramos algo distinto. Se trataba de personas con alta tendencia a ser complacientes, incluso indulgentes. Clientes “buena onda”, por decirlo de forma simple, que tienden a evaluar positivamente aun cuando la experiencia no es necesariamente buena. En este caso, los indicadores no reflejaban la calidad del servicio, sino la naturaleza de quien respondía.

Y eso tampoco se ve en el tablero.

Entonces, ¿qué significa realmente escuchar?

El dato dice qué pasó. El contexto explica por qué pasó. Y pocos reportes ofrecen por sí solos ese contexto.

En mi experiencia, las empresas que crecen de forma sostenida no son las que más información acumulan, sino las que desarrollan la capacidad de interpretarla con profundidad humana y traducirla en decisiones oportunas.

El consumidor evoluciona más rápido que cualquier reporte. Por eso, investigar su conducta ya no puede hacerse con las mismas herramientas de siempre. La buena investigación de mercados es la que evoluciona, se adapta y entiende lo que otros no están viendo. Por eso, quien mejor escucha, mejor decide.

Si no escuchas, no vendes.

emiliano@lamarcalab.com

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