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Terror estrambótico y lucha de clases

Dos hiperbólicas y sanguinolentas películas de terror sobre lucha de clases coinciden ahora mismo en la cartelera comercial; ambas son grotescas y cómicas, gamberras y magnéticas, indomables de cabo a rabo y tienen mujeres como protagonistas. Además, estas dos ficciones nos muestran que aquellos en la cúspide del poder harían cualquier cosa (¡cualquier cosa, incluso pactos sobrenaturales truculentos!) con tal de no perder sus privilegios. “Boda sangrienta 2” (“Ready or Not: Here I Come”) y “Te van a matar” (“They Will Kill You”) son los títulos de estas imperdibles piezas que deleitarán a los amantes del cine de género y a cualquier espectador que desee sentir que sus entrañas son zarandeadas hasta el paroxismo.

Vivimos en tiempos y circunstancias que nuevamente han puesto bajo el reflector las tensiones estructurales que hay entre grupos sociales con intereses (históricos, sociales, culturales, laborales y económicos) opuestos. Con la brecha entre ricos y pobres acrecentándose, nuevamente es nuestro adorado cine de terror quien levanta la mano y alza la voz para servir como superficie reflejante de los conflictos de esta época. A través del simbolismo, los sustos, su imaginario incómodo, sus recursos repulsivos y narrativas inquietantes, el terror exhibe nuestros miedos e insatisfacciones, así como nuestras ansiedades individuales y colectivas.

El terror nos entretiene, nos desconcierta, nos invita a hacer catarsis en un espacio seguro (la sala de cine) y, también, nos invita (si se lo permitimos) a hacernos preguntas sobre dónde nos encontramos respecto a la otredad y qué tanto hemos permitido que el tejido social se desgarre para que “las élites más allá de las élites” amasen fortunas inabarcables mientras el ciudadano común lucha para “llegar a la quincena”.

“Boda sangrienta 2” es la secuela del inesperado éxito de 2019, en el que una chica se casa con el heredero de una familia de millonarios. Lo que no sabe es que esa misma noche intentarán asesinarla porque de su “sacrificio” depende la perennidad de sus riquezas y del apellido. El nuevo filme inicia justamente tras el final de la primera película: veremos cómo nuestra protagonista tendrá que volver a luchar por su vida, pues las élites han decidido que una chica “de a pie”, común y corriente, no puede salirse con la suya. El juego continúa porque ella (la presa) es el trofeo para consolidar mayor poderío y complacer al demoníaco “amo” al que le han jurado lealtad.

Si viste la película anterior, puedes esperar una experiencia de calibre similar e, incluso, más exacerbada, más ridícula, más estridente. Los directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett (“Abigail”, “Scream V” y “Scream VI”) nos muestran por qué son dos de las voces más sólidas del terror estadounidense contemporáneo de corte comercial. Sus decisiones estéticas son magnéticas, su ejecución es coreográfica y no le tienen miedo a ser ampulosos sin dejar de ser “pop”.

Por su lado, tremenda revelación ha resultado el cineasta ruso Kirill Sokolov en su gran debut en Hollywood (aunque ya tenía carrera en Europa). Te van a matar es una película bordada con los hilos del exploitation film, del legado de la serie B y con motivos tarantinescos de la era “Kill Bill”. El público lo notará de inmediato. Es, también, una pieza con una personalidad muy propia: en ella caben el terror slasher, el terror cultista (igual que en “Boda sangrienta 2”), la comedia de humor negro y el cine de acción.

Una chica encuentra trabajo en un lujoso edificio neoyorquino. Durante su primera noche, descubrirá que un grupo de billonarios que le rinden culto a un chamuco la tratarán de ofrecer como sacrificio para poder seguir siendo inmortales. A diferencia de la otra cinta que revisamos en la columna de hoy, Te van a matar es una pieza que se entrega al desenfreno total, al sinsentido descarado. La cinta producida por los Muschietti (“It” / “Eso”) no ofrece ni un solo instante de descanso: siempre está ocurriendo algún desmán a cuadro. Es una pieza de violencia extrema por la contextura de sus imágenes, pero también porque nos obliga a pensar que estamos atrapados en esa vorágine de brutalidad.

Tanto en “Te van a matar” como en “Boda sangrienta 2” emerge una pregunta final: ¿es posible detener la furia, la pulsión destructiva, la crueldad? ¿Quién levantará la mano primero para detener la locura y cómo se lucha contra la enajenación de los poderosos?

Pues ahí lo tienes: dos películas de estudio y de terror chocarrero que, sin ningún afán aleccionador, ofrecen cine de género del más disparatado, absurdo y rebosante de moronga, pero también articulan un discurso que nos habla del aquí y del ahora: de la batalla que muchos libran para no sucumbir ante los caprichos de los billonarios que ven en la debacle ajena una oportunidad para seguir acaparando, para perpetuarse nomás porque sí.

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