Siapa: preguntas claras, respuestas turbias
Querida Gina:
La idea de este texto surgió el fin de semana cuando, en medio de la rica comilona que nos preparaste, surgió tu duda sobre si era seguro usar agua de la llave ante las múltiples quejas por la mala calidad del líquido.
En un intento por responder tu duda, escuché detenidamente la última conferencia de Antonio Juárez Trueba, titular del Siapa; leí comunicados y contexto del problema; y pregunté directamente a Comunicación Social de la dependencia (instancia que guardó silencio); confieso que fracasé.
Llegué a la conclusión de que la incompetencia del Siapa se mide en tres preguntas imposibles de responder de manera simple para un ciudadano promedio: por qué recibo agua turbia, cuándo acabará el problema y si hay riesgos para la salud.
El viernes pasado, la prensa le preguntó a Juárez Trueba si usar el agua pestilente y ferrosa que reciben el 9.6% de las mil 840 colonias que abastece el Siapa -este último dato lo proporcionó el funcionario- representaba un riesgo para la salud.
Te comparto su respuesta:
“Estamos en constante comunicación con las autoridades respectivas; seguramente quienes tienen injerencia en ello nos estarán dando parte al respecto en el tema del agua, y vamos a estar verificando en la medida de lo posible las menos afectaciones”.
¿Qué diablos fue esa respuesta? ¿A ti te tranquiliza? Asumo que “la autoridad respectiva” a la que se refiere el funcionario es la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios de Jalisco (Coprisjal) que ha brillado por su ausencia.
Ante esta respuesta, la prensa le insistió a Juárez Trueba si era seguro usar esa agua para lavarse los dientes o bañarse. Otra vez aquí está su respuesta:
“De momento no hay riesgo sanitario pero yo no soy quien lo evalúa, lo evalúan las autoridades competentes”.
El enunciado es una contradicción con patas; un intento de lavado de manos, pero con agua de garrafón, no del Siapa. Juárez Trueba descarta el peligro al mismo tiempo que admite su incompetencia para… descartarlo.
Uno se pregunta si el funcionario planea sus respuestas o le salen de forma natural. Cualquiera de las dos alternativas resulta inquietante.
Por otra parte, la explicación del agua turbia es todavía más compleja. Basta añadir que el Sistema de Abastecimiento Antiguo que dota a Guadalajara de agua proveniente de Chapala es un canal abierto que se contamina y degrada fácilmente, sobre todo en época de calor.
Además de que recibe descargas residuales irregulares. A esto se suma que nuestra planta potabilizadora en Miravalle es de 1956, muy viejita. Un cóctel de rezago histórico en infraestructura, mala supervisión y falta de planeación.
Finalmente, la pregunta del millón: ¿hasta cuándo recibiremos agua de calidad? Para eso no hay respuesta. Pronto, quizás, o “nunca más adelante”, para decirlo en lenguaje “siapateco”.
Lamento, querida Gina, si sólo sembré dudas y quizás algo de desconfianza en el agua de la llave. Esa es la información oficial disponible, por ahora. Igual que tú estamos miles de habitantes en la metrópoli que recibimos agua amoniacada, con olor a huevo podrido o color chocolate.