¡Revés al Congreso!
A veces los regaños llegan con eco… y con sentencia incluida. Hace unos días, el gobernador Pablo Lemus les jaló las orejas a los diputados y las diputadas por legislar al vapor. Ayer, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación les puso la calificación: reprobados.
El intento de cambiar el régimen de gobierno en el municipio de Bolaños, con dudas y hasta sospechas de “empujoncitos” al voto, terminó hecho trizas. Lo que en el Congreso sonó a consenso histórico, en tribunales pareció tarea copiada… y mal citada. Resultado: decreto inválido y la consulta pública debe repetirse.
El tema es sencillo: se realizó una consulta pública en Bolaños y la mayoría eligió que los gobernantes ahora serán elegidos por usos y costumbres, dejando fuera a los partidos políticos.
Pero un sector de la población se manifestó en contra y ayer el Tribunal bateó la consulta.
Uno de los grandes perdedores se llama Miguel de la Rosa, coordinador de Morena en el Congreso de Jalisco.
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Dicen en los pasillos del poder que, después de descubrir que la “nueva era” de la justicia federal venía con algunos perfiles tan improvisados que hasta el buscador de internet se quedaba sin resultados, ya se cocina otra reforma con “ajuste fino”. Incluso, se propone que la siguiente elección judicial se pase del 2027 al 2028.
La propuesta, aún en versión “hay que revisarla con calma”, contempla un solo Comité de evaluación —porque entre menos manos, menos sorpresas— y elimina el incómodo asunto de los promedios universitarios, sustituyéndolos por una “certificación de competencias” expedida por la misma escuela que los acredita.
Eso sí, ahora se pedirán siete años de experiencia, cinco de ellos en el Poder Judicial, como para que nadie diga que entró directo del aula al estrado. También vienen ajustes en licencias, sustituciones y temas administrativos que prometen ordenar lo que el entusiasmo desordenó.
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Nos cuentan que después de dos décadas de militancia en Acción Nacional, la alcaldesa de León, Alejandra Gutiérrez, decidió que ya estuvo bueno del “amor azul” y presentó su renuncia al partido. ¿Qué tal?
En una carta dirigida a Jorge Romero, dirigente nacional, explica que el distanciamiento con la vida interna y las decisiones cupulares no fue de un día para otro, sino de varios desvelos acumulados. Traducción: cuando te dejan de invitar a la mesa, mejor te llevas tu silla.
En el PAN, donde los espacios se han ido encogiendo más rápido que la confianza ciudadana, la salida se lee como síntoma más que como sorpresa. ¿O qué?