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Perestroika y Glasnost en Cuba

En estos momentos se están llevando a cabo negociaciones entre el Gobierno de Cuba y el de Estados Unidos. El contexto en que se realizan es uno inusual: el bloqueo que el Gobierno de Trump ha impuesto a la isla ha hecho que el régimen se encuentre sin los recursos mínimos para seguir funcionando, incluso en las condiciones precarias en que lo hacía.

El resultado inmediato de esto es una situación de emergencia humanitaria que debe ser atendida con atingencia y prontitud.

No obstante, mi principal propósito en esta ocasión tiene que ver con la manera en que debemos pensar la Cuba del futuro.

Antes que nada, habrá que decir que, geopolíticamente hablando, el porvenir de Cuba está atado al de México. No solo nos unen la historia y la geografía, sino también las posibilidades de colaboración económica, tecnológica y de cooperación diplomática. Una Cuba próspera puede abrir un mercado importante para las empresas mexicanas.

Hay que decir que el tránsito de una economía centralizada a una de mercado no será sencillo, pues lamentablemente no se crearon las instituciones, ni los mecanismos, ni la mentalidad para la creación y sostenibilidad de empresas privadas en el país caribeño. En construir la infraestructura económica de una economía libre podrá ayudar indudablemente la comunidad de cubanos que habitan en Estados Unidos, principalmente en Miami, que han aprendido los secretos del emprendedurismo.

Va a ser importante que La Habana no se convierta simplemente en un abastecedor de recursos para los intereses de Washington. En este sentido, convendría establecer un mecanismo diplomático más allá de Estados Unidos para que los cambios que se implementen funcionen primordialmente en favor del pueblo cubano.

Si la transformación hacia una economía de mercado es fundamental, la transición hacia la democracia constitucional no lo es menos. Debe quedar claro que estos dos imperativos deben ir de la mano. La Cuba del futuro debe ser una democracia con una economía de mercado moderna. Cualquier proyecto de justicia transicional debe tener en cuenta este doble objetivo.

Para esto es importantísimo establecer una hoja de ruta que sincronice muy bien el reloj democrático con el económico. Quizá se puede ilustrar mejor el punto haciendo alusión a la Unión Soviética en la época de Mijaíl Gorbachov. El premier soviético planteó una doble reforma para lidiar con el problema de la decadencia del imperio: la Perestroika y la Glasnost. En pocas palabras, la reforma económica y la política. Se dice que fracasó en ambas y eso fue una causa del derrumbamiento de la URSS en 1991.

Esta lección debería servir para tener en cuenta que el abandono de un régimen autoritario hacia uno no autoritario transita por armonizar bien la política y la economía.

gdehoyoswalther@gmail.com

Twitter: @gdehoyoswalther

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