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Otra vez, la violencia de la hipersegmentación

En medio de la violencia generalizada propiciada por los grupos del crimen organizado en nuestro país, y que se expresa en los múltiples homicidios y desapariciones diarias, esta semana volvió a conmocionar a México el doble asesinato de dos profesoras en Michoacán, cometido por Osmer, un adolescente de apenas 15 años.

Dentro de la tragedia, es menos grave que pese a la crisis de inseguridad y violencia que nos aturde a diario, no nos dejen de perturbar este tipo de hechos, pese al riesgo de que la autoridad los quiera tomar como un distractor, cosa que desde luego tampoco debemos permitir.

En este contexto, la tragedia vivida en un centro escolar del puerto michoacano de Lázaro Cárdenas, llegó ayer a la mañanera de la Presidenta Claudia Sheinbaum, quien lamentó el caso, se solidarizó con las familias de las maestras víctimas, María del Rosario y Tatiana, de 36 y 37 años, y anunció un programa integral dirigido a los jóvenes para tratar de evitar este tipo de conductas, con “comunicación, formación y atención de salud mental para todas las familias”.

Esa debe ser, sin duda, una obligación de las autoridades, porque la planificación del ataque con un fusil de asalto y la autovinculación a la subcultura “incel” (célibes involuntarios) que hizo el propio agresor en sus redes sociales antes de atacar a sus maestras, muestra los altos grados de polarización que se han alcanzado por la acción de grupos radicales, que promueven, en este caso la misoginia, en comunidades digitales, que urge contrarrestar.

Con razón, el caso ha encendido las alarmas nuevamente por la violencia que genera la hipersegmentación en los entornos digitales, y también, por el acceso cada vez más abierto a armas de alto poder, por el creciente tráfico de armamento promovido por los grupos delincuenciales. 

El caso de Osmer nos recuerda a otros ocurridos apenas en septiembre pasado en la UNAM y en la Colonia Paseos del Sol, de Zapopan. En el primero, el joven Lex Ashton, un alumno de 19 años, apuñaló de muerte a Jesús Israel, otro estudiante de 16 años, que era pareja de una joven estudiante que el pretendía.

Algo similar pasó con Marco Alexander “N”, de 18 años de edad, quien salió de Tonalá y luego de tomar al menos dos camiones de transporte público, deambuló por las calles de Paseos del Sol, hasta que vio la oportunidad de irrumpir en la casa en la que Daniela Julieth, una joven nutrióloga de 24 años, rentaba una habitación, para asesinarla a puñaladas. 

Está claro, pues, que los programas en los que Sheinbaum asegura, trabaja el Gobierno federal deben promover la cultura digital que combata los algoritmos del odio, estas “cámaras de eco”, que ejemplifican claramente los foros “Incel”, donde se exacerba la intolerancia.

Deben brindar conocimiento y herramientas a las nuevas generaciones para debilitar contenidos que hoy la automatización premia y prioriza, por sus posturas radicales y extremas que generan las interacciones en las distintas plataformas de empresas que lo que más persiguen es la monetización, a costa de nuestros adolescentes y jóvenes.

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