No hay poder que lo detenga
Respira egolatría, está ensoberbecido y su aura refleja envalentonamiento. Después de la acción militar en Venezuela pasa sacar a Nicolás Maduro, de insistir en adueñarse de Groenlandia -territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca- y de amenazar a Colombia, Cuba y a México, quien dirige los destinos de Estados Unidos detrás del escritorio de la Casa Blanca está agrandado.
El miércoles, Donald Trump sentado en la oficina Oval con cuatro reporteros del diario The New York Times -periódico que no “comulga” con las políticas del presidente estadounidense- y a pregunta directa de que si “Observa algún tipo de control sobre su poder en el escenario mundial? ¿Hay algo que pudiera detenerlo si quisiera hacerlo?”, su respuesta fue arrogante: “Si, hay una cosa. Mi moral. Mi mente. Es lo único que puede detenerme”. Dicho en sentido figurado, “No hay poder humano que pueda detenerme”.
Sin embargo, en una determinación histórica, el jueves por la noche el Senado acordó debatir el uso de poderes o uso de la fuerza por parte del presidente Trump -por lo pronto en el caso de Venezuela-, cuando cinco legisladores republicanos se unieron a los demócratas para la aceptación de la resolución, que desafortunadamente tiene pocas posibilidades de ser aprobada y de imponer restricciones a Trump, pero que refleja el nivel de desaprobación las unilaterales medidas tomadas recientemente, que fueron llevadas a cabo sin avisar al Congreso.
A Trump no hay quien le ponga freno y el jueves por la noche -en el programa de Hannity de la cadena Fox News- ratificó su determinación de intervenir en México, porque “Es muy triste de ver y darse cuenta de lo que está pasando en ese país”, y pronosticó que las fuerzas militares estadounidense “... están por iniciar ataques por tierra”.
Pero además de su egolatría, soberbia y envalentonamiento, es descarado al reconocer -como lo dijo en la entrevista del The New York Times-, que su reputación de imprevisibilidad y su disposición de recurrir a la acción militar para coaccionar a otras naciones, así como su estrategia maximalista de castigar a quienes no le agradan -entre los migrantes- y a sus oponentes políticos, desplegando a la Guardia Nacional y agentes de Inmigración en algunos estados -a pesar de las objeciones ciudadanas-, que se han convertido en provocaciones sociales que ya costaron -esta semana- la vida de una persona en Minneapolis, dos heridos en Portland, Oregon y el atropellamiento de un camarógrafo de NBC en Fresno, California.
Sencillamente, a Trump no hay poder que lo detenga.
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daniel.rodriguez@dbhub.net