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Microinfidelidades

Las infidelidades no siempre son explícitas. Andrés pasa horas platicando a solas con Gabriela en su oficina, su compañera de trabajo, sobre asuntos personales, incluidos temas de sexualidad. Karla y Jorge se escriben por redes sociales, comparten reels, intercambian “likes” y sostienen conversaciones secretas. No tienen contacto físico. Pero todos flirtean, coquetean, tontean. Y sus parejas no están enteradas. Son las llamadas “microinfidelidades”.

Es un fenómeno contemporáneo, conocido en inglés como “micro-cheating”, que se refiere a comportamientos aparentemente insignificantes o inofensivos, que no llegan a la infidelidad física, y que pueden erosionar la confianza en la pareja. Desde publicar “likes” sugerentes a terceros, omitir que estás en pareja, “jugar” a coquetear o insinuar interés romántico o sexual aunque sea sin intención de llegar a algo más.

Hasta hace dos décadas las microinfidelidades habrían sido invisibles y socialmente reprimidas; hoy, en esta era digital, parecería que la exclusividad emocional no siempre es prioridad.

Esa manera en que hoy puede entenderse el amor y el compromiso, el sociólogo Zygmunt Bauman la denomina “amor líquido”.

Bauman utiliza esa metáfora para describir las relaciones contemporáneas, donde se prioriza la gratificación instantánea y el cariño y los lazos dejan de ser sólidos para convertirse en algo temporal, pasajero. De acuerdo con su teoría sociológica, pasamos de ser “peregrinos” que buscaban un significado profundo, duradero y estable de la vida, a actuar como “turistas” en busca de múltiples experiencias sociales, intensas pero fugaces. Esa fragilidad en los vínculos tiene consecuencias. 

En México, durante la última década disminuyó la cantidad de matrimonios y, en contraste, aumentó el número de divorcios, según datos del INEGI. Mientras en el 2014 había aproximadamente 19 divorcios por cada 100 matrimonios, el año pasado se registraron 33 divorcios por cada 100 matrimonios; es decir, una de cada tres pareja decide separarse legalmente.

Esa fragilidad de los vínculos humanos a la que se refiere Bauman también se ha amplificado con las redes sociales, donde puede tenerse contacto inmediato con cualquier persona, de forma superficial, o crearse vínculos con alguien a miles de kilómetros, en otra ciudad o país, y terminar la relación en segundos, sin decir nada.

Los afectos tienen muchos caminos de expresión. Y las microinfidelidades reflejan la ambigüedad de las relaciones: mientras hay a quienes les afectan, hay personas que las consideran parte de su libertad, y que tratar de reprimir o restringir esos comportamientos en la pareja es tóxico y controlador.

En un mundo donde la crueldad se asoma a diario, la expresión de la ternura y el cariño siempre será un derecho. Es humano querer sobrevivir y estar acompañado.

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