Los viajes trasatlánticos
Me sorprendió conocer que el tío Tolito sigue vivo y actuante y, como siempre, soñando con que al mundo le va a corresponder elogiarlo. Debe de ser porque en el reciente viaje presidencial a Cataluña le tocó ser de los boletos de gorrión, lo cual es buena suerte, ya que, si usted recuerda, la tía Meme siempre peleó por ser reconocida como parte de la casa real de Siria, entrando a la derecha. Y es que las Europas se están despoblando y así, con gran pena, descubrió que el estado de Jalisco tiene más habitantes que el antiguo Imperio búlgaro y Reino búlgaro, y no digamos de Lituania, que tiene menos habitantes que el despoblado municipio de Guadalajara.
Pero, por otro lado, debe haber ido una cantidad enorme de gorriones en ese avión, que afortunadamente la Presidenta no es nada gastalona y se fue en clase perrier, aunque con la suerte de que los asientos de un lado y de adelante no se vendieron. Y es lógico: en los viajes presidenciales a todo mundo le toca sentado un ratito junto al chipocludo, y tan fue así que a la persona que se supone que corrieron por asolear los pedales en Palacio le tocó estar sentada un ratito junto a la comandanta. Desde luego, Hannibal Lecter decía que la comida que dan en los aviones no puede ser catalogada propiamente como comida y la señora ha de haber llevado sus propias viandas, y, si no las llevaba, seguro hubo más de un barbero que sí llevó tlayudas.
Ahora que, me parece notable la actuación de nuestra mandataria en Cataluña y es que en un día alcanzó a ver y comentar con quince mandatarios mundiales, cuatro de ellos muy especiales; darle una vistita a las obras de Gaudí; encontrarse con la colonia mexicana en Cataluña y, como es mundialmente famosa, más de algún extranjero, al saber que ella iba a estar ahí, fue a verla. Hizo, además, unos discursos que ya la están candidateando para emperatriz de Lavapiés o, cuando menos, presidenta de la ONU. En fin, un éxito maravilloso la expedición.
Desde luego, siempre hay “peros” y, al llegar de vuelta a nuestra patria, donde ella presumió que iba de parte de Huitzilopochtli y de Tláloc —aunque a mí se me hace muy delgadita para ser de este último—, admiro profundamente que, siendo tan europea como es, entienda tanto a los pueblos originarios (menos a los tlaxcaltecas), pero un menso hizo una balacera arriba de una pirámide de Teotihuacán, y lo pongo con tilde y no sin, como dicen ahora, porque, si fuera cierto que se pronuncia Teotihuacan, entonces los indios de Zapotlán y de Autlán no sabían cómo se llamaban sus pueblos. Y también, a pesar de que somos soberanos, se descubrió que unos de alguna tribu norteamericana se mataron en un accidente, de tal modo que lo que siempre hemos negado, de que los gringos no actúan, sí, sí actúan.
@enrigue_zuloaga