Los criterios de Palacio
Quien sabe cómo se “manejarán” los criterios en Palacio Nacional, que cuando se trata del gobernador con licencia de Sinaloa Rubén Rocha Moya y su solicitud de extradición desde Estados Unidos, por su supuesta relación con los cárteles de la droga, se exigen “pruebas”; cuando se refieren a Víctor Rodríguez Padilla, director del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL), a quien se acusa de violencia intrafamiliar y agresiones físicas, se pronuncian a “Que se aplique la ley, todo el peso de la ley”, y que lo que publica periódico The New York Times, sobre que personas vinculadas a Morena estarían proporcionando información a las autoridades estadounidenses sobre la posible relación de políticos mexicanos y el crimen organizado, se trate de desacreditar e ignorar con un “No tenemos nosotros ninguna información”, según dijo ayer la presidenta Claudia Sheinbaum.
Hay muchas contradicciones o “señales cruzadas” en estos casos, ya que mientras que sobre el asunto de Rocha Moya, la Fiscalía General de la República (FGR) no ha dicho nada sobre la supuesta investigación que fue ordenada por la misma presidenta, y por otra parte se continúa a la espera de que lleguen las pruebas desde Nueva York; en el caso del director del INEEL, de quien se dice no es funcionario del Estado, ya que aun no estaba a cargo de la dependencia y Sheinbaum dijo ayer que no había firmado el nombramiento -“Lo íbamos a nombrar… yo no había firmado ya el nombramiento”, dijo la mandataria-, en la página oficial del gobierno se informa -hasta con una fotografía del evento- de una ceremonia oficial celebrada el 1 de junio en donde tomó posesión oficial del Instituto, y en lo publicado por el diario neoyorquino, el artículo en cuestión es muy claro al señalar que “... algunos funcionarios electos del partido en el poder se han ofrecido a manera discreta a las autoridades estadounidenses como informantes contra los integrantes del partido (Morena), según ocho personas que han participado en las conversaciones”, por lo que es obvio que la presidenta Sheinbaum no esté enterada.
Esos cambios abruptos o falta de uniformidad en los criterios oficialistas -de acuerdo a la conveniencia política-, esa volatilidad -de acuerdo a las circunstancias- y esa inconsistencia en los posicionamientos -provocada para corregir “su rumbo”-, nos muestra que en Palacio los criterios se manejan a contracorriente.
Usted, ¿qué opina?