Los capos son prescindibles, el narco, no
El operativo en el que finalmente terminó abatido Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el pasado domingo 22 de febrero en Tapalpa, ha sido calificado como exitoso para el Estado mexicano por deshacerse del principal capo de la organización de la economía criminal más grande de México, y según muchos, del mundo.
Si bien se trató de una operación de un grupo de fuerzas especiales del Ejército mexicano, no hay que olvidar que se llevó a cabo con información de inteligencia proporcionada por el gobierno de Estados Unidos, a través de la CIA, según ofreció detalles el diario The New York Times. Según la nota del Times, el Comando Norte del ejército estadounidense creó en enero un grupo de intercambio de información en Fort Huachuca, Arizona. “Se trata de la Fuerza de Tarea Interinstitucional Conjunta Anticarteles (JIATF-CC), que proporcionó información de inteligencia a las autoridades mexicanas sobre ‘El Mencho’” (El Informador, 24 febrero 2026).
Más allá de los detalles del operativo, el punto más relevante a destacar es que se trata de la captura de un capo del narcotráfico que más afectaciones y riesgos han generado para una buena parte de la población mexicana. Si bien el centro de la violencia y riesgos se vivió en Jalisco, especialmente en la zona metropolitana de Guadalajara y Puerto Vallarta, hubo episodios de violencia en al menos 33 municipios del estado y en 22 entidades del país, es decir, las reverberaciones violentas del CJNG alcanzaron dos terceras partes de la nación.
La violencia desatada por los grupos armados del cártel que dirigía El Mencho se saldó con la muerte de más de 62 personas, entre ellas una mujer de 45 años que lamentablemente estaba embarazada, alcanzada en un tiroteo en Zapopan; 25 elementos de la Guardia Nacional; un policía en el centro penitenciario de Puerto Vallarta; un elemento de la Fiscalía de Jalisco y al menos 30 personas identificadas como presuntos integrantes de los grupos que llevaron a cabo los bloqueos mediante el incendio de vehículos en Guadalajara y en otros puntos del estado.
Según el gobierno federal, luego de la detención y muerte de El Mencho, hubo al menos 272 bloqueos carreteros, incendios de vehículos y tiendas de conveniencia y al menos 27 agresiones directas de los grupos del cártel en contra de fuerzas armadas del Estado mexicano. Esto revela la capacidad de fuego, operación y extensión que ha alcanzado este grupo de la economía criminal.
El otro aspecto es que la detención y muerte de El Mencho obligó a un virtual confinamiento (más intempestivo que el de la pandemia de Covid-19) de la mayoría de la población y el cierre de comercios y negocios que dejó a una parte de la población sin acceso a alimentos e insumos básicos, y en muchos casos dejó varados en calles y avenidas de la zona metropolitana a miles de usuarios del transporte público ante la cancelación del servicio de transporte.
Ante la caída del Mencho, muchos reflexionan sobre los futuros escenarios que se prevén en Jalisco ante el descabezamiento del CJNG. La historia de las organizaciones que se dedican al capitalismo ilegal en Jalisco nos indica que tras la captura del capo dominante, le sigue un periodo relativamente largo de violencia entre facciones criminales para tratar de hacerse con el control total de la estructura criminal, tal como ocurrió con la detención y muerte de Ignacio Coronel, el 29 de julio de 2010. O un escenario de guerra intestina como ocurre ahora con el Cártel de Sinaloa desde el secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, en junio de 2024. Son escenarios pesimistas de intensificación de la violencia en Jalisco, que de por sí ya es el epicentro de las desapariciones y de las fosas clandestinas en todo el país.
Pero lo más relevante de todo es que el operativo que se saldó con la muerte de El Mencho es que la historia del narcotráfico en México nos revela que no sirve de nada la detención, captura o abatimiento de un capo del narcotráfico, porque al final la economía criminal del narcotráfico es tan lucrativa y poderosa, y por tanto necesaria tanto para la reproducción de la economía nacional como del mismo sistema político.
La historia del narcotráfico nos enseña, lamentablemente, que los capos son prescindibles, pero el narcotráfico no. Será cuestión de tiempo para que otro capo siga al frente de uno de los grandes negocios del capitalismo ilegal que necesita de la violencia criminal para su realización.