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Lo que dejó Davos

Los ánimos expansionistas exacerbados de Donald Trump luego de la operación militar en Venezuela para capturar al dictador Nicolás Maduro el primer fin de semana del año y el llegar con la amenaza de una invasión militar a Groenlandia, hizo que la edición de este año del Foro Económico Mundial de Davos, en Suiza, generara una de las mayores expectativas desde 1971, que se organizó por vez primera.

Las incógnitas eran si los participantes en el también conocido como el Club de los Ricos abuchearían a Trump como en su primera aparición ahí como presidente de Estados Unidos hace seis años y si los líderes políticos europeos le plantarían cara a su delirio conquistador.

Paradójicamente lo primero no sucedió y todos querían estar en el abarrotado auditorio donde habló el miércoles y se le oyó con toda atención.

Afortunadamente lo segundo sí ocurrió, con todo y refuerzo americano. Me refiero al retador discurso del primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien un día antes de que llegara Trump, condenó sus afanes de apropiarse de Groenlandia y llamó a que las potencias medias hicieran frente a los ánimos imperialistas de las potencias mundiales: Estados Unidos, Rusia y China, al advertir: “No estar en la mesa de las negociaciones es estar en el menú”.

“Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”, concluyó Carney, al que al día siguiente Trump le reclamaría el tono, con su bullying de que debería ser más agradecido porque “Canadá vive gracias a Estados Unidos”.

Con este rompimiento, que habrá que ver si tiene marcha atrás, se abrió la enorme posibilidad de que el Tratado comercial México-Estados Unidos-Canadá no se renueve más, como confía la Presidenta Claudia Sheinbaum, y que quede, en el mejor de los casos, en un acuerdo bilateral, con todas las consecuencias que ello implica, y que sería tema de otra columna.

Pero pese al “Yo-yismo” de Trump, y a su rectificación de que no tomará por la fuerza la isla del Ártico sino que se buscará acuerdos con la OTAN, lo cierto es que en Davos se volvió a exhibir la debilidad de las organizaciones multilaterales internacionales para poner límites y hacer cumplir tratados mundiales que ya no respetan los países hegemónicos que, con el pretexto de defender sus intereses estratégicos, terminan imponiendo la ley del más fuerte.

Por eso cayó como burla que ayer Trump lanzara desde Davos su Junta de Paz (Board of Peace), dizque para buscar la colaboración internacional para promover la paz y la estabilidad global con el “genio inspirado” de los firmantes entre los que estaban los presidentes de Arabia Saudita, Hungría y los latinoamericanos de Argentina y Paraguay.

En medio de toda la incertidumbre del futuro del sistema internacional, todos se fueron con la duda del rumbo que viene para el mundo, y los menos, que el Board of Peace sea el nuevo espacio de diálogo permanente entre los países, como lo vislumbra Trump en su megalomanía.

jbarrera4r@gmail.com

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