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Habrá qué esperar hasta noviembre

El sábado pasado fueron más de tres mil manifestaciones en todo Estados Unidos y se estima que pudieron ser poco más de 8 millones los que tomaron parte. No se trata de la primera protesta nacional en contra de Donald Trump, sino de la tercera en los últimos ocho meses, cuando apenas tiene 14 meses en su segundo mandato. 

La primera marcha multitudinaria en contra del mandatario fue en julio del año pasado, en la que se estima fueron tres millones los que salieron a las calles y la segunda, el pasado octubre, cuando la cantidad ascendió a 5 millones.

El movimiento “No King” (“No a los Reyes”) se manifiesta en contra de tres nichos de la administración de Trump: Las tendencias autoritarias, su política migratoria y las acciones militares unilaterales.

Poco a poco los ciudadanos empiezan a organizarse como resistencia social ante una ola de lo que denominan “abuso del poder”. Ayer, en este mismo espacio, hablábamos de que 6 de cada 10 estadounidenses desaprueban el trabajo de quien despacha desde la oficina Oval de la Casa Blanca -según una encuesta de la cadena de noticias Fox News-. Trump apenas acaba de pasar su primer año de Gobierno -de los cuatro que le corresponden- y a Washington y el país “ya los tiene de cabeza”. La oposición demócrata, los independientes y muchos republicanos, y no se diga al 60% de la población, están desconcertados ante el daño que ha provocado en tan poco tiempo en la nación y de la manera como ha convulsionado al mundo.

En una de las protestas habló Kirsten Gillibrand, senadora de Nueva York, quien dijo: “En Estados Unidos no nos inclinamos ante los reyes”, al hacer referencia a la tendencias autoritarias “... y sin el aval del Congreso” como suele hacerlo Donald Trump con muchas decisiones caprichosas, como ha sucedido -entre otras cosas- al poner su nombre, imagen o firma en propiedades federales.

Hay quienes opinan, como se dijo en la protesta en Minneapolis, Minnesota, “esto sigue siendo Estados Unidos… y lo que estamos viviendo es una pesadilla reaccionaria”.

Los excesos de Trump han impuesto una agenda política sin control alguno, en donde el Congreso no cuenta con el recurso de frenar las órdenes presidenciales. No hay una solución inmediata ante la realidad que se vive, pero sí una parcial y mediata, pero que será hasta las elecciones del próximo 3 de noviembre, en donde de consolidarse la inconformidad ciudadana -que muestran las encuestas y las protestas- pudiera haber un cambio significativo en la composición del Congreso, en donde se elegirán a los integrantes de la Cámara de Representantes y parte del Senado, que pudieran formar un “escudo legislativo” ante las decisiones autoritarias y arbitrariedades unilaterales.

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