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Estadio Panamericano: infraestructura para una ambición mayor

El beisbol en Jalisco dejó hace tiempo de ser una moda pasajera o un simple entretenimiento de fin de semana. Se convirtió en hábito, en punto de encuentro, en identidad compartida. La afición lo asumió así y respondió con constancia, conocimiento y respeto en la tribuna. Pero cuando un deporte alcanza ese nivel de arraigo, el siguiente reto ya no está solo en el diamante ni en las gradas: está en la capacidad de acompañar esa pasión con infraestructura sólida y decisiones de largo plazo.

El Estadio Panamericano no es un experimento improvisado ni una obra de ocasión. Desde el punto de vista técnico y operativo, cumple con los estándares internacionales necesarios para albergar juegos de Grandes Ligas: dimensiones de terreno, iluminación, sistemas de drenaje, clubhouses, logística interna y capacidades de transmisión. El límite actual no está en la reglamentación. Está, simple y llanamente, en el aforo.

Hoy el inmueble tiene una capacidad cercana a los 16 mil espectadores. Para la Liga Mexicana de Beisbol y la Liga Mexicana del Pacífico ha sido suficiente y funcional. Pero cuando se piensa en eventos de máxima exposición internacional, esa cifra se queda corta. Por eso la ampliación proyectada -que llevaría el estadio a unas 22 mil localidades- no es un capricho, sino una necesidad estratégica.

El estadio ya pasó por pruebas que no admiten simulaciones. Ha sido sede de dos Series del Caribe, del Clásico Mundial de Beisbol y del Premier 12. Torneos que exigen estándares estrictos en seguridad, operación, servicios y experiencia para el aficionado. No son eventos menores ni concesiones políticas: son certificaciones en la práctica.

Además, Zapopan ha estado varias veces en el radar para albergar juegos de preparación e incluso series oficiales de Major League Baseball, como las que ya se juegan en Monterrey y en la Ciudad de México. La diferencia, hasta ahora, ha sido básicamente comercial: la capacidad instalada y el potencial de ingresos que se miden desde el número de asientos disponibles.

Con la ampliación prevista, el escenario cambia de fondo. La plaza jalisciense entraría en condiciones reales de competir por ese tipo de eventos, no como aspiración simbólica ni como discurso de ocasión, sino como posibilidad concreta.

El impacto va mucho más allá de lo deportivo. Hablamos de derrama económica, turismo especializado, proyección internacional y fortalecimiento de marca ciudad. El beisbol dejaría de ser únicamente un espectáculo doméstico para convertirse en una plataforma de posicionamiento global.

La afición ya hizo su parte. Ha respondido con asistencia constante, ambiente familiar y una cultura deportiva que pocas plazas pueden presumir. La organización también cumplió: eventos internacionales sin incidentes relevantes, logística ordenada y capacidad de adaptación a exigencias crecientes.

Cuando infraestructura, resultados y cultura se alinean, lo que aparece no es improvisación, sino estabilidad. Y la estabilidad, en el deporte profesional, es la base de todo lo demás.

Conviene recordar de dónde viene este proceso. El estadio fue construido originalmente para albergar las competencias de atletismo de los Juegos Panamericanos de 2011. Cumplió su función y, terminado el evento, quedó durante un tiempo sin un uso definido. Fue en 2014 cuando un grupo de empresarios encabezado por Salvador Quirarte adquirió la franquicia de Guasave en la Liga Mexicana del Pacífico y devolvió el beisbol profesional a la zona metropolitana de Guadalajara.

Con el respaldo del entonces gobernador, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, el inmueble no solo se adaptó: se transformó para ser funcional al beisbol, con el aforo actual cercano a los 16 mil espectadores. A partir de ahí, el proceso fue gradual pero constante. Para albergar el Clásico Mundial y el Premier 12, la Confederación Mundial de Beisbol exigió mejoras en sistemas de drenaje, modernización de clubhouses y adecuaciones para una experiencia más cómoda del público.

Hubo intentos previos por traer juegos de Grandes Ligas, ya fuera como parte del spring training o en formatos similares a los de Monterrey y la capital del país. No se logró entonces. Hoy el contexto es distinto.

Con la ampliación proyectada -que implica una inversión de varios millones de pesos- y con ajustes adicionales que seguramente exigirá la MLB, el escenario se abre. El impulso de la directiva encabezada por José Luis González Íñigo y el respaldo del gobierno estatal, hoy a cargo de Pablo Lemus, colocan a Zapopan ante una oportunidad real.

El beisbol ya encontró su lugar en Zapopan. Lo que viene no es una apuesta al futuro, sino una respuesta al presente: a la afición que sostuvo las gradas, a un estadio que superó cada prueba y a una ciudad lista para mirarse en un escenario mayor. El Estadio Panamericano merece crecer, no por decreto ni por ocurrencia, sino por consecuencia.

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