En Gaza, “ya salió el peine”
El 8 de octubre de 2024 fue la primera vez en que Donald Trump mencionó que la Franja de Gaza -en la costa sureste del Mar Mediterráneo, flanqueada por Israel al Norte y al Este, y por Egipto al Sur, conforman los Territorios Palestinos, que han estado bajo estricto control israelí y egipcio desde que Hamás tomó control en el 2007- pudiera convertirse en un lujoso complejo turístico, al publicar un video en Facebook -creado con inteligencia artificial- en donde se le ve a él y al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, junto a una playa dorada y con grandes desarrollos hoteleros y urbanos.
Esas imágenes provocaron indignación y furia en las redes sociales del mundo árabe, mencionando que el interés de Trump no es acabar con el problema de la región, sino de apropiarse de la zona para lucrar con un desarrollo turístico.
¿Y qué creen? “Ya salió el peine”, porque un año y tres meses después se comprueba la consternación que los líderes de Oriente Medio habían expresado de reubicar a los palestinos de Gaza en Egipto y Jordania para construir la Riviera del Mediterráneo. Ayer en Davos, Suiza, Trump hizo el anuncio de la creación de su Junta de Paz -que supuestamente estará enfocado, de momento, en supervisar y garantizar el alto al fuego en Gaza-, organismo del que se formará parte solo por invitación y del que será presidente permanente -hasta que él lo decida-, donde incluyó a su yerno Jared Kushner, quien fue el encargado de anunciar el proyecto de reconstrucción de la Franja y convertirla en la “nueva Gaza”, al estilo moderno de Dubái en los Emiratos Árabes Unidos.
Trump ya tiene proyectos, maquetas e inversionistas listos, cuando en la Franja de Gaza aún hay bombardeos israelíes, la zona está devastada, no está desmilitarizada y en donde hay más de dos millones de habitantes deambulando que no tienen hogar, ocupación y menos futuro.
Trump dijo hace algunos días que “estamos comprometidos a asegurar que Gaza este desmilitarizada, adecuadamente gobernada y bellamente reconstruida”, comprometiéndose a trabajar coordinadamente con la Organización de Naciones Unidas (ONU), pero que ayer sugirió que podría reemplazar en algunas de sus funciones, lo que ha generado una preocupación internacional al querer ignorar al máximo organismo mundial.
Este último argumento fue el motivo por el que Francia y Noruega -además de otros países invitados- se han negado a ser parte de la Junta de Paz de Trump.
Ayer Trump dijo que “la ONU no ha sido de mucha ayuda. Soy un gran admirador de su potencial, pero nunca ha estado a la altura de su promesa”, como quien dice, ahora va por la ONU. Pero si de promesas hablamos, creo que Trump tiene muchas promesas pendientes, y parafraseando se puede decir que el mandatario “tiene potencial, pero nunca ha estado a la altura de su promesa”.
Usted, ¿qué opina?