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Él, ya piensa en Marte, pero…

Su filosofía es “America first” (América primero), que prioriza los intereses, la seguridad y prosperidad de los Estados Unidos por encima de los intereses globales y sin respetar las alianzas que tenga. Para Donald Trump esa frase es su doctrina en política exterior y su guía económica. El viernes, orgulloso del “final feliz” de la misión espacial Artemis 2 que le dio la vuelta a la Luna y regreso a la Tierra en la costa de California, dijo que “El viaje fue espectacular, el aterrizaje perfecto y, como presidente de Estados Unidos, ¡no podría estar más orgulloso! Espero verlos pronto en la Casa Blanca. ¡Lo repetiremos y luego, siguiente paso, Marte!”. Estaba reconfirmando que “América es primero” -en ese nicho-.

Pero, mientras todo es “miel sobre hojuelas” en la carrera aeroespacial, aquí en la tierra “mister” Trump se enfrenta a una realidad muy diferente y lucha por conservar el liderazgo y mantener su frase como estandarte. La afrenta que ha tenido con su intervención militar en Medio Oriente y la reacción negativa de sus aliados, lo han dejado solo y sumido en una crisis y de paso exhibido de que el “América primero” no es tan real como se pregona.

Hoy, a un año y tres meses de iniciar su segundo mandato, Donald Trump no puede presumir un liderazgo internacional -pero sí una influencia por las consecuencias que provoca- y menos una imagen de paladín nacional. Su aprobación -según diferentes encuestas- está en picada, ya que llega sólo al 36 por ciento, lo que significa que casi 7 de cada 10 estadounidenses no concuerdan con sus decisiones. Y si a eso añadimos la inflación en Estados Unidos que el mes pasado llegó al 3.3 por ciento -el mayor incremento desde abril de 2024, tras la escalada de precios que se vivió tras la invasión rusa en Ucrania -, provocado por el aumento del 21 por ciento de los precios de la gasolina por las tensiones en Medio Oriente, que ha afectado severamente el poder adquisitivo de los consumidores, la percepción del mandatario “está por los suelos”.

Trump está peleado con el mundo y lo más delicado -para él- es que ahora desde el seno de su partido algunos sectores ya no lo apoyan y ciertos nichos de la derecha empiezan a romper el eslabón con la Casa Blanca. Esta misma semana, en un mensaje a través de su red social Truth Social, Trump arremetió en contra de algunas figuras de medios de comunicación de la derecha, como fue el caso de su ex amigo Tucker Carson -periodista y activista político-, quienes lo han criticado por el incumplimiento a su promesa de campaña de evitar enfrentamientos bélicos en Medio Oriente.

Donald Trump, hoy -sentado en la oficina Oval- piensa en Marte y en su “America First”, pero fuera de la Casa Blanca una gran mayoría - preocupada por las intempestivas decisiones que convulsionan al mundo y el rumbo que lleva el país- anhela que pronto termine la pesadilla de su segundo mandato.

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