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El “monstruo” de Santa Elena de la Cruz

La narrativa de que Luis Antonio “N” es un “monstruo” por realizar tocamientos a una menor de 9 años en una tienda de la Colonia Santa Elena de la Cruz de Guadalajara enmascara otra realidad y convierte su castigo en un espectáculo (y hasta en un botín político).

El caso generó indignación colectiva en los últimos días. En un video que circuló en chats vecinales, se observa cuando Luis Antonio “N” entra a una tienda y hace un tocamiento indebido a la menor que, pasmada, rompe en llanto hasta que su acosador se aleja.

La grabación, tomada de una cámara de seguridad de la tienda en donde ocurrió la agresión sexual, detonó un activismo digital para exigir la localización y castigo del abusador.

El hecho ocurrió el 7 de mayo y sólo cuatro días después fue detenido por la Fiscalía de Jalisco. El encargado de dar la noticia fue el gobernador Pablo Lemus.

El agresor se ocultaba en un centro de rehabilitación de su familia. Ronda la treintena y era repartidor de alimentos en motocicleta.

Sin embargo, Luis Antonio “N” no es un “monstruo” sino lisa y llanamente un delincuente que merece la cárcel por cometer abuso sexual infantil, un delito que el Código Penal de Jalisco castiga hasta con 6 años de cárcel si la víctima es menor de 12 años.

El tratamiento mediático y digital del caso fue alarmista pues se basó en explotar la enorme indignación que generó el video, algo que el algoritmo premia y que incentivan los influencers carroñeros que buscan exclusivamente la monetización pasajera de una tragedia.

El asunto también se usó políticamente pues el gobierno aprovechó para reforzar su campaña -en el contexto del recorte al calendario escolar- basada en el mensaje de que “en Jalisco cuidamos a nuestras niñas y niños”.

La “monstrificación” del victimario y la instrumentalización política del caso ocultan una realidad más compleja de abuso sexual infantil sistemático en el estado.  

En 2025, Jalisco tuvo la tasa más alta de casos de abuso sexual infantil en México con 15 denuncias en promedio al día (5 mil 415 en el año), por encima de Quintana Roo, Chihuahua y Baja California Sur, según datos de la Plataforma de Seguridad del IIEG.

Entre 2021 y 2025, los casos de abuso sexual infantil se duplicaron en el estado.

Lo que Luis Antonio “N” hizo a la menor es atroz e inadmisible, pero también es una excepción porque, según la Fundación PAS, el 95% de los abusadores son conocidos de la víctima y en el 75% de los casos son familiares. El 70% ocurre en casa y sólo 1 de cada 10 niños lo habla.  

 Como sociedad tenemos una deuda con nuestras infancias y no es creando “monstruos” de feria como saldaremos ese pendiente, sino exigiendo a las autoridades una política pública urgente que atienda y castigue integralmente este delito en ascenso imparable.

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