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La incertidumbre como certeza

La incertidumbre dejó de ser una variable para convertirse en una constante. Las revisiones anuales al Tratado de Libre Comercio agregan, es cierto, una dosis importante de incertidumbre a la economía mexicana, aunque no es para nada la única variable incierta. El mundo vive, al menos desde la pandemia para acá, en la incertidumbre y el México de hoy en la desconfianza.

En ese contexto tienen que hacer negocios los empresarios; tomar decisiones los políticos y funcionarios, y sobre vivir lo que aquí nos tocó vivir. No es la primera vez que el mundo y el país viven situaciones similares, quizá lo diferente del momento es la combinación de una situación internacional en la que la economía parece estar en medio de un proceso de cambio acelerado, mientras en el país vivimos un proceso de transformación de la estructura política más destructivo que constructivo. Dicho de otra manera, tenemos muy claro lo que ya no es el Estado mexicano, pero aún no está claro qué engendro o qué obra maestra va a resultar del llamado Plan C.

¿Quién paga el pato de la incertidumbre? Todos, cada uno a su nivel. Los empresarios y los inversionistas corren más riesgos, sin duda. Los políticos tienen que ser más flexibles, por decirlo bonito, que no es otra cosa que mentir con más descaro. Sin duda, quien paga el precio mayor por la incertidumbre es el mercado, dicho en términos teóricos, los consumidores, en términos prácticos.

Es cierto: el país no se va a desmoronar porque el presidente estadounidense decidió que quiere revisar el Tratado de Libre Comercio cada año. Incluso esta decisión puede cambiar dentro de 30 meses cuando Trump deje el poder, lo que no se puede negar es que esa incertidumbre cuesta, que tiene un precio. Cuando la incertidumbre se vuelve una certeza, los consumidores son mucho más precavidos en sus decisiones, el largo plazo deja de existir, y las economías crecen menos de lo que podrían hacerlo. 

No se puede navegar sin un plan, pero hay que hacerlo con la certeza de que las condiciones van a cambiar. La relación comercial con Estados Unidos no se va a terminar con la decisión de revisar el T-MEC cada año, son dos economías demasiado imbricadas. La decisión simplemente acortó los plazos de la certidumbre, en detrimento de los empresarios y consumidores de los tres países. ¿Quién gana aumentando la incertidumbre? En el corto plazo el gobierno estadounidense, particularmente el presidente Trump, pero si eso no se traduce en crecimiento económico y reducción de la inflación para su país, y por lo tanto en votos, habrá sido el típico “todos pierden”.

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