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Cumplir en casa era apenas el inicio

Charros hizo lo que estaba obligado a hacer: ganó los dos primeros juegos en Zapopan y defendió su localía. En enero eso no se aplaude, se exige. No hacerlo habría sido un fracaso. Cumplió, y ahora la serie entra en su verdadera zona de riesgo, esa donde se separan los equipos bien armados de los que solo aprovecharon el calendario.

Las dos victorias fueron sólidas y bien armadas, y además coherentes con lo que dicta la estadística histórica de esta rivalidad. En series de postemporada entre Charros de Jalisco y Águilas de Mexicali, el equipo que toma ventaja de 2-0 en casa suele inclinar la balanza a su favor. No es sentencia, pero sí una tendencia que carga presión al otro lado.

En el primer juego, Manny Barreda puso orden desde la loma, atacando la zona y evitando que Mexicali encontrara ritmo. Ese tipo de aperturas no ganan portadas, pero sostienen series. Barreda hizo lo que los números sugieren contra Águilas: no permitir daño temprano. Cuando Mexicali anota primero, su porcentaje de victoria en playoffs crece de forma notable. Charros entendió el guion y se los negó.

A la ofensiva, Tirso Ornelas apareció con el batazo oportuno que inclinó el juego cuando más se necesitaba. En el segundo, el turno fue para Julián Ornelas, confirmando que Charros tiene profundidad. Las estadísticas recientes entre ambos equipos muestran que Jalisco gana más cuando reparte la producción entre varios bates y no depende del cuadrangular aislado. Así ocurrió.

El bullpen respondió y la defensiva jugó limpia. En playoffs, no regalar outs ni bases vale tanto como un jonrón. Y ahí hay un dato clave: Charros fue superior en carreras sucias permitidas. Águilas vive de capitalizar errores; al no dárselos, se le cerró la puerta más efectiva que suele encontrar en enero.

El refuerzo Santiago Chávez también cumplió. Produjo ante su exequipo sin estridencias y confirmó que la elección fue correcta. No vino a cargar al club, vino a sumar. En postemporada, eso pesa más que cualquier nombre rimbombante.

De Benjamín Gil, lo justo: hizo su trabajo. Administró bien y no estorbó. Nada más. En esta etapa no se trata de discursos ni gestos, sino de decisiones acertadas, y hasta ahora las tomó.

La serie se traslada ahora a Mexicali, una plaza dura, de clima extremo y ambiente hostil. El Nido suele empujar y las Águilas elevan su agresividad ofensiva en casa, especialmente en las primeras entradas. Ahí es donde entra el duelo de mañana.

Por Charros, el abridor será Luis Iván Rodríguez, un lanzador probado en la Liga Mexicana del Pacífico, con capacidad para trabajar innings largos y atacar la zona. Rodríguez ha sido históricamente más efectivo cuando logra controlar el primer tercio del orden; si sale limpio del inicio, sus números indican que puede neutralizar rallies y entregar ventaja al bullpen.

Por Águilas, el encargado será Valente Bellozo, brazo joven, con experiencia fuera del circuito invernal y con la motivación de lanzar en casa. Bellozo tiene repertorio para competir, pero sus estadísticas muestran que suele ser vulnerable cuando enfrenta alineaciones pacientes que alargan turnos, justo uno de los rasgos que Charros ha mostrado en esta serie.

La conclusión es clara: Charros llega con ventaja real, pero no definitiva. Si Rodríguez logra imponer control temprano y la ofensiva mantiene la disciplina, Jalisco tiene una oportunidad seria de dar un golpe casi definitivo. Si Bellozo logra imponer ritmo y Mexicali anota primero, la serie puede cambiar de tono de inmediato.

Cumplir en casa ya quedó atrás. Ahora se trata de confirmar carácter en territorio enemigo. Ahí no mandan los discursos ni la localía pasada. Mandan los brazos, la cabeza fría y la capacidad de ejecutar cuando el margen se reduce. La verdadera prueba empieza hoy, lejos de Zapopan.

Bambinazos61@gmail.com

@salvadorcosio1

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