No se puede ser presidenta a medias
Si hoy terminara su sexenio, Claudia Sheinbaum pasaría a la historia como la presidenta que no fue.
Arrinconada entre Trump y López Obrador, atrapada entre los narcos y los radicales de su partido, la primera mujer presidenta de México pasaría a la historia por no haber podido ser presidenta del todo, por no haber podido ejercer en plenitud el cargo. Sería una catástrofe para ella y una derrota para las mujeres.
Presionada por Washington y Palenque, no puede dejar huella propia porque ha optado por navegar un frágil equilibrio en donde no termina de abrazar pero no termina de romper. Si uno escucha sus declaraciones, parece que rompe con Trump y abraza a López Obrador. Pero si uno ve sus actos, las cosas se inclinan al revés.
A Trump le receta en la mañanera el “no subordinación”, el “no somos piñata de nadie”, el “somos un país soberano”, el “un soldado en cada hijo te dio”, pero en los hechos acepta todo lo que le ordena: cerrar la frontera, 10 mil soldados a fungir de Migra, ponerle aranceles a China, cambiar la estrategia de seguridad, mandarle cien narcos, dejar de enviarle petróleo a Cuba. Con AMLO es al revés: verbalmente hay sumisión, pero en los hechos su “hermano” Adán Augusto ya no es coordinador en el Senado, su hijo Andy está semi-borrado de la escena política, su secretario de Marina quedó brutalmente desprestigiado tras una investigación oficial, su “abrazos no balazos” fue revertido y sus “grandes obras” han sido recortadas o canceladas.
Otro arrinconamiento va por cuenta de los narcos y los radicales de su partido. La penetración del crimen organizado en el gobierno-partido está resultando mucho más profunda de lo previsto. Esta semana nos demostró que ni en Tequila, Jalisco, el partido en el poder puede sacudirse al narco: la alcaldesa interina nombrada por Morena es retrato del alcalde morenista detenido. Y eso que Tequila no está ni entre los 500 municipios más poblados de México. A los radicales tampoco se los puede sacudir: ocupan las posiciones de poder más relevantes, le ponen camisa de fuerza al pragmatismo que necesita la presidenta para gobernar y han impedido que “los claudistas” controlen partido y gobierno (en las posiciones políticas están en la segunda fila y se conforman con las posiciones técnicas y la cercanía personal con la presidenta).
Pero al sexenio le quedan más de cuatro años. Tiene tiempo para imprimir un sello propio, pero debe decidirse. No mandar la señal de que no le alcanza, sino demostrar que sí. Terminar lo que empieza, para que no quede la sensación de que la frenaron
“desde arriba”. Si ya va a poner el nombre de Adán Augusto en el expediente de La Barredora, que no lo deje con fuero, escaño, contratos y grupo político. Si ya va a poner al tío secretario de Marina en la investigación de la FGR sobre el Huachicol Fiscal, que no se quede en los sobrinos. Si ya va a regañar a Andy por sus evidenciados excesos, que lo deje sin puesto y sin negocios para sus amigos. Si ya no van a pelar a Rocha Moya, que lo quiten de gobernador. Si ya va a exhibir en la investigación oficial las fallas estructurales del Tren Interoceánico, que no se quede en culpar a los tres maquinistas. Y como eso un largo etcétera en el que primero se ve el intento y luego se ve la rendición.
No se puede ser presidenta a medias. No le conviene. Si los deja políticamente vivos, se pueden recomponer y regresar con apetito de venganza.