La humillación o el “panzazo”
No saben lo que es que alguien use en su contra toda la fuerza del Estado. Esa fue la frase de la Presidenta que registraron los dirigentes de los partidos aliados de Morena durante reunión en Palacio Nacional después de haber rechazado la reforma electoral y cuando se les presentó el bosquejo del llamado Plan B.
Según fuentes de primera mano, la amenaza presidencial quedó sobre la mesa: apoyan el Plan B o se enfrentan a la fuerza del Estado. El primer impulso de los aliados fue doblarse. A los pocos días, y tras haber sugerido un par de cambios que aceptó el Gobierno, anunciaron en la Secretaría de Gobernación su respaldo al Plan B.
Pero se arrepintieron rápido y endurecieron sus posturas. La sensación entre las cúpulas del PT y el Partido Verde es que la Presidenta se quiere deshacer de ellos, arrasarlos. Usar la elección del 2027 para que la Presidenta se suba de lleno a la campaña de Morena —a través de la revocación de mandato— y dejar en los huesos a los aliados.
Estamos a punto de saber qué pesa más para el PT y el Verde: si su instinto de supervivencia o el miedo a la amenaza presidencial. Lo sabremos en el momento en que se vote el Plan B. Sabremos también si la Presidenta será humillada por sus aliados con una segunda derrota legislativa o logrará su intento de salvar cara aunque sea “de panzazo” con la aprobación de un Plan B, que es la morralla de la reforma electoral que le rechazaron.
Hasta ahora, los aliados de Morena le han recetado a la Presidenta un viacrucis de temporada. Le batearon su reforma electoral, pusieron a la Mandataria de rodillas adecuando el texto del Plan B para complacerlos, tienen al régimen haciendo cuentas a ver si le alcanzan los votos en el Congreso, jugueteando con las fechas de aprobación en comisiones y en el pleno para comprar tiempo de convencer/presionar a los aliados.
PT y Verde dicen que no es personal. Que ellos no hubieran querido. Que ella lo buscó y ellos sólo están reaccionando.
Me relatan que el mayor resentimiento está en el PT. Dicen que nunca habían visto tan enojado a Alberto Anaya, el fundador, dirigente nacional y para efectos prácticos, dueño del Partido del Trabajo. Que ni Andrés Manuel los hacía sentir tan desechables. En el Partido Verde, lo mismo.
Dicen que López Obrador no les cumplió lo que les prometió, que se sintieron traicionados, pero que nada se compara a lo de ahorita. Al PT y al Verde no les está quedando otra más que perderle el miedo al régimen. Una suerte de valentía por arrinconamiento. Pero la prueba de fuego será la votación en el pleno:
En la matemática legislativa, la Presidenta necesita todos los votos de sus aliados para aprobar su Plan B, porque en el Senado, la super-mayoría del régimen es sumamente estrecha. Con dos senadores que no la aprueben, se cae todo.
En el Partido Verde ya le mandaron decir a la Presidenta que ellos responden sólo por 13 de sus 14 senadores. Que el otro está alineado con Ricardo Salinas Pliego. O sea, que en el Verde hay cuando menos un voto que ya se cayó.
El PT ha dicho hasta ahora que no va con el Plan B. El PT tiene seis senadores. No tienen que rechazarla todos. Con uno que no vote a favor, la coalición gobernante no tiene los votos.
La conclusión es simple: la Presidenta opera y logra que se apruebe su Plan B... o la humillación quedará consumada.