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Temporal de lluvias, corrupción y negligencia

Los vecinos de la Colonia Alcalde Barranquitas, propietarios y usuarios de los establecimientos y comercios que ahí operan, se han convertido en una especie de mártires que padecen todo un calvario cada que llueve y que se les inundan sus casas, sin que hasta ahora ninguna autoridad pueda hacer algo por resolver el problema.

Pero también están ahí las angustias de los moradores del Fraccionamiento Senderos del Lago que se ubica en la ladera del cerro contiguo al Lago de Chapala en Jocotepec, donde viven con el riesgo de los deslaves como el que sufrieron ya en este temporal; o los usuarios del Tren Ligero que pudieron haberse ahogado en los vagones inundados de la Línea 1; o los ciudadanos que acudieron a buscar un rato de esparcimiento a Plaza Patria y su vehículo quedó bajo el agua en el nuevo estacionamiento de ese centro comercial, sólo por mencionar los episodios más recientes y sonados por ser inéditos. A esto hay que añadir los congestionamientos viales que se dan con cualquier lluvia que cae en la ciudad por el creciente número de puntos de inundación, y las vícitmas mortales como ya se registraron en el actual temporal de lluvias.

Las negligencias en las obras de la Línea 3 del Tren Ligero que fastidian la vida a los vecinos de Alcalde Barranquitas; la voracidad de constructores y la omisión de la autoridad municipal para evitar desarrollos de vivienda en zonas de riesgo que amenazan a sus moradores en Jocotepec; y la aparición de plazas comerciales en hondonadas, cauces y arroyos, son sólo botones de muestra de la negligencia y la corrupción que persiste en temas de licencias y permisos de construcción, y la mala planeación urbana a base de planes parciales a modo que generan esos lastres en la ciudad y en el Estado.

Todas estas simulaciones multiplican exponencialmente los daños y la fatalidad en caso de siniestros, como ocurrió en el sismo del 19 de septiembre del año pasado, cuando se desplomaron edificios que, en teoría, deberían haber resistido el movimiento telúrico.

En un primer momento se pensó que, repetida la tragedia de 1985 más de tres décadas después, los edificios colapsados eran aquellos que sobrevivieron al primer 19-S. Pero eso no fue así. Conforme pasaron los días, edificaciones recientes en ruinas eran la prueba de que la lección no fue aprendida y que las corruptelas y negligencias criminales persisten en la Ciudad de México como aquí.

Autoridades que expiden licencias de construcción, de protección civil que piden decenas de estudios y cobros para avalarlos, y constructores irresponsables deben ser llamados a cuentas.

La impunidad no hará más que seguir aumentando estas tramas corruptas que amasan enormes fortunas a costa del espacio público de todos.

Urge, por ello, dejar precedentes que sirvan para disminuir luto y dolor en el próximo siniestro natural que venga.

jbarrera4r@gmail.com
 

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