Pesando la basura
Seguramente la preocupación ecológica, más que el amarillismo periodístico es lo que lleva a no pocos comunicadores a revelar las toneladas de basura que deja una tal o cual celebración.
Desde luego, junto al trabajo de pesar los desperdicios se aúna el deseo de crear una mayor conciencia cívica en la ciudadanía, de tal forma que luego del paso de una marcha, un desfile, una manifestación del tipo que sea, calles, banquetas y jardines queden impolutos, como si en lugar de personas hubiesen transitado ángeles y serafines.
Para lograr un objetivo tan encomiable, además de la conciencia ciudadana, se requiere ofrecer suficientes medios para que efectivamente la basura se ponga en su lugar, y es ahí donde se estrellan tanto los idealismos ecologistas como la misma solicitud de la gente. A tenor del número de participantes en un evento multitudinario, ¿cuántos contenedores se requerirían?, ¿quiénes tendrían que estar atentos a vaciarlos una vez que se llenaran?, ¿o debería cada individuo llevar a cuestas su respectivo bote de basura, cesto o canasto, ya que las típicas bolsas de plástico están en vías de extinción? Porque finalmente si hablamos de una manifestación que congrega ya sólo a diez mil personas por varias horas, la gran cuestión es cómo ayudarle a resolver el asunto de la basura que inevitablemente generará.
Una idea “brillante” sería prohibir en esas manifestaciones cualquier tipo de consumo que origine desperdicios, ¿ni agua?, o prohibir que se venda cosa alguna durante las mismas, suprimiendo así el beneficio económico que a tantísimas personas ofrece este comercio.
Sería un verdadero sueño imaginar a un ser humano que deje de producir basura. ¿Se ha puesto usted, amable lector, a considerar si una tal idea sería posible? ¿Ha pesado la cantidad de basura que se produce en casa, al día, a la semana, al mes? ¿Sería ya el caso de instaurar una carrera en basurología?
Afortunadamente siempre hay buenas noticias. En la pasada fiesta de la independencia norteamericana, en Nueva York, el evento principal reunió a cien mil personas las cuales dejaron 84 toneladas de basura, la muy buena noticia es que en un evento como la romería de Zapopan que reunió cerca de dos millones de personas, solamente se hayan dejado 54 toneladas; haciendo las comparaciones y las proporciones, todo indica que vamos en camino de progreso en lo que se refiere a la basura, y que se habría dejado aún menos si se hubiese dispuesto de los contenedores suficientes, o los que ya existen se hubiesen oportunamente vaciado. Adicionalmente las autoridades municipales con muy clara visión procedieron no simplemente a recoger basura, sino a seleccionarla en vías de poderla reciclar, sobre todo las botellas de agua, que como es explicable fueron el desperdicio más evidente.
Corresponde ahora a los medios de comunicación, en especial a los que más se han interesado por el tema, ofrecer a lo largo del año, de manera creativa, constante, sostenida y gratuita, anuncios, promocionales y campañas de educación cívica que realmente medren en la conciencia ciudadana y nos lleven a un mejor manejo de la basura. ¿Lo harán o seguirán contentándose con pesar basura?
armando.gon@univa.mx