Ideas

Intolerancia intolerable

La inmensa especulación de los retos que vienen y cómo debemos afrontarlos nos han distraído de darle continuidad a un problema tormentoso: ¿qué ha pasado con los migrantes afectados por la política de cero tolerancia del Gobierno estadounidense?

La política de cero tolerancia adoptada por el Gobierno de las barras y las estrellas suscitó de una premisa sencilla: todos los adultos que entraron a Estados Unidos de una manera “ilegal” debían ser perseguidos. Cabe mencionar que el término “ilegal” está mal empleado. Lo ilegal es el acto que contravendría la ley, no la persona como tal. Si usamos esa lógica, de la misma manera debería ser “ilegal” cualquier persona que haya cometido cualquier acto que contravenga la ley. Es por ello que un término más adecuado es “indocumentado”.

Las palabras hirientes de Trump dejaron de ser palabras para convertirse en el martirio de incontables familias. El reporte del Gobierno de Estados Unidos del 19 de julio del presente año constató que de un total de dos mil 551 niños entre cinco y 18 años, únicamente mil 606 eran candidatos a reintegrarse con sus familias mientras que 900 no lo eran debido a que sus familiares tenían antecedentes penales o habían renunciado a su derecho a la reintegración al momento de su deportación. Estas circunstancias dejan a los menores en un estado de indefensión en un territorio que no vela por sus intereses.

La pesadilla engloba grandes retos para los menores. En un primer momento debemos preguntarnos si es más conveniente tener a menores de edad viviendo con familiares con antecedentes penales o en albergues gobernados por gente xenofóbica subyugados a un presidente opresivo.

Seguido de esto, no debemos dejar a un lado el daño psicológico y emocional que tienen dichas políticas en los menores de edad, independientemente del historial de sus familiares. Dentro de los diversos testimonios de los menores afectados por las medidas, tomemos el ejemplo de una niña de 10 años habitante de Dilley, Texas. La menor apunta que le da miedo ir a la escuela porque piensa que en cualquier momento puede ser separada de su mamá. Estas situaciones indignan y pesan, pero resulta más importante que sirvan como un recordatorio de las injusticias que viven día con día millones de mexicanos.

No es un reto efímero. Que todos los cambios que se acercan no nos hagan perder perspectiva sobre el reto migratorio. Combatamos la tormenta de manera continua por medio de redes sociales. Si el señor Trump hace uso de su poder político nosotros usemos la supremacía de las redes sociales para frenarlo. No toleremos la intolerancia política.

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