En defensa de los impopulares plurinominales
Entre las decenas de frentes que ha abierto el presidente ahora surge, como parte de la reforma política que plantea para el segundo año de gobierno, el cuestionamiento a los plurinominales. Los aplausos no se harán esperar: si algo ha logrado la mala actuación de los políticos es que buena parte de los mexicanos odien a los diputados y senadores plurinominales, a quienes se les ve como vividores y saqueadores del erario. Pero, aunque todos sean pluris no es lo mismo diputados que senadores. Separemos las discusiones que son de naturaleza distinta.
Comencemos por los diputados. Actualmente tenemos 300 electos por la vía directa, que representan a los electores de su distrito, y 200 por la vía plurinominal cuya función es compensar la representación de las minorías. El asunto es muy sencillo: sin diputados plurinominales nunca habríamos tenido una transición pacífica a la democracia como la que tuvimos en México. El problema es que los diputados plurinominales terminaron siendo la representación de los intereses de una partidocracia que se alejó de los ciudadanos. Aun así, hoy son el contrapeso de López Obrador como en su momento lo fueron de Peña y de Calderón.
Seamos sinceros, mientras López Obrador estuvo en la oposición nunca planteó el tema de los plurinominales como prioritario. Más aún, cuando Peña Nieto lo propuso los diputados de Morena, entonces casi todos ellos plurinominales, no secundaron la propuesta. Los pluris nos cuestan a todos, es cierto, pero sobre todo le estorban al poder, llámese como se llame el presidente y sea del partido que sea. Si Peña planteó reducir el número de pluris es porque pensaba que iba a ganar la mayoría de los distritos y si López Obrador lo hace es porque piensa que quitándolos o reduciendo el número a la mitad tendrá más fácil la mayoría calificada en el Congreso. Desconfiemos, pues, de entrada, de toda reforma política que surja del poder.
Defender a esos impopulares diputados plurinominales es defender la democracia y el equilibrio de poderes.
Un caso muy distinto es el de la Cámara de Senadores. Esta Cámara representa el pacto federal donde los estados se hablan como iguales y vale tanto la voz de Colima o Tlaxcala como la de Ciudad de México o Jalisco. Los senadores plurinominales se crearon para restarle fuerza al PRI en los noventa y con ello reducir la capacidad de veto que este partido ejercía de facto a las reformas constitucionales. Al cambiar la representación directa de solo dos senadores del partido ganador y agregar uno de la segunda fuerza en automático ningún partido, así gane todos los estados, tendrá por sí solo las dos terceras partes más un voto necesarios para las modificaciones constitucionales. Así, los senadores plurinominales, que distorsionan la igualdad de representantes por estado, salen sobrando.
Hay cosas más importantes que ahorrar dinero y una de ellas es mantener los equilibrios de poder y representación en un país que por definición es diverso y plural. Defender a esos impopulares (y no pocas veces impresentables) diputados plurinominales es defender la democracia y el equilibrio de poderes.
(diego.petersen@informador.com.mx)