Ideas

Acciones y consecuencias

Es difícil pensar que las personas o las comunidades hagan cosas sin esperar algún resultado, por lo general toda acción supone un propósito, aún si éste no se ve a primera vista. Pero si la acción se repite es porque el propósito buscado se ha logrado antes y se espera seguir lográndolo.

¿Qué busca la gente que va a un estadio para presenciar una justa deportiva? No solamente ver el partido, ya que eso lo podría hacer desde su casa, sino verlo en su lugar propio, un estadio, acompañado de mucha gente que además de ver el partido, reacciona simultáneamente produciendo toda una serie de expresiones que hacen compleja la experiencia de ir al estadio y la gratifican justificando los gastos o esfuerzos que se hayan hecho.

Asistir a un estadio, a una obra de teatro, a un ballet, a un concierto, o a un cine, ofrece a los asistentes la posibilidad de distenderse, disfrutar, participar, involucrarse, expresarse, y volver a casa con satisfacción en la mayoría de los casos; el común denominador de estas acciones es participar “en vivo”, y hacerlo con los demás, ya que los demás crean un determinado ambiente, hacen de la convivencia una experiencia positiva.

De acuerdo a la acción cumplida son los efectos esperados. Cuando esta acción se hace con una motivación religiosa, la experiencia es religiosa, y esta vivencia incluye ingredientes muy específicos que tienen que ver con las creencias, la visión de la vida, los afectos espirituales, los valores invocados, tales como la esperanza, la confianza, el esfuerzo, la gratitud, la solidaridad, la ofrenda, la participación comunitaria en una buena acción, el que de pronto una significativa multitud se descubra haciendo una misma buena acción, ayudándose unos a otros a cumplirla, uniéndose, respondiendo al unísono. Todas estas acciones resultan altamente gratificantes.

Pero además, en una sociedad como la nuestra tan asolada por todo tipo de agresiones, tantas veces frustrada en sus esfuerzos de progreso y de buen gobierno, sofocada por los trabajos del diario vivir, con un mundo de preocupaciones y temores tan bien fundados, con situaciones familiares problemáticas, participar en un acto religioso multitudinario y de tan singular riqueza cromática, acústica, y dinámica como es la romería de Zapopan, acaba siendo un respiradero anual que renueva a la sociedad y le da nuevas energías para seguir adelante en su lucha cotidiana. Estos son algunos de los beneficios que la gente obtiene de su participación; su conjunto, que es muy basto, explica su resiliencia histórica, su ininterrumpida celebración a lo largo de ya 288 años.

La comprensión amplia y profunda de esta celebración hace patente una vez más la ceguera, la torpeza o la mala voluntad de quienes le impusieron a la ciudadanía un “paseo Alcalde” como pretexto para quitarle a la romería su trayecto amplio, directo y seguro, trayecto que se hizo justamente para esta celebración y con el dinero de la ciudadanía en 1953, hasta que sucedió lo impensable. Hay gobiernos que se dedican con verdadero éxito a echar a perder lo que estaba bien y a dejar perdido lo que ya estaba mal.

armando.gon@univa.mx

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