* Festejos
Ocasionalmente el fanatismo deportivo se ha llevado hasta sus últimas consecuencias: hasta el extremo de la tragedia misma… Hace años, un admirador acérrimo de Lupe Pintor (boxeador mexicano que fue campeón mundial de peso gallo), decepcionado por una derrota de su ídolo, se dio un tiro en la cabeza tras seguir por televisión el desarrollo de la pelea. Cuando Brasil ganó por primera vez una Copa del Mundo (Suecia, 1958), la prensa dio una noticia con un párrafo magistral: “Un aficionado brasileño apostó la vida a que Brasil no sería campeón mundial… y pagó”. (Párrafo magistral, porque lo dijo todo, de manera irreprochable… aun quebrantando una regla fundamental del periodismo: que el primer párrafo de una nota responda a las preguntas básicas -qué, quién, cómo, dónde, cuándo, por qué-… y realmente no respondió ninguna).
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Salvadas todas las distancias, una variante de esos ejemplos han sido las recientes celebraciones de los campeonatos del Nápoles en la Copa de Italia, y del Liverpool en la Liga Premier inglesa. En ambos casos, aunque los partidos decisivos de esas conquistas se jugaron a puerta cerrada, conforme a la innovación adoptada por las principales Ligas del mundo a raíz de la pandemia del COVID-19, las celebraciones de los aficionados, en las calles, fueron multitudinarias, tumultuosas, sin que en ellas se respetaran las recomendaciones de las autoridades sanitarias… Los hacinamientos fueron ostensibles. El desdén a normas como el uso de cubre-bocas en espacios públicos o cuidados para guardar la sana distancia, notorio y aun escandaloso.
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Aunque en México ya hay una fecha programada para iniciar el próximo Campeonato de Liga -el 24 de julio-, y aunque lo normal es que los festejos por ciertos resultados ocurran ya en la fase decisiva -prevista para mediados de diciembre-, convendrá observar, dentro de una semana en el caso de Nápoles, dentro de dos en las de Liverpool, las secuelas de las celebraciones callejeras -descontroladas... por no calificarlas, decididamente, de irresponsables- que en fechas recientes han sido noticia.
Sería lamentable que a raíz de esos festejos se reactivaran los contagios -y las muertes, en consecuencia-.. y que en el resto del mundo (México incluido, por supuesto) no se escuchara el mensaje de Joe Anderson, alcalde de Liverpool: “Es vital que no tiremos por la borda los meses de arduo trabajo, por un fin de semana de celebración”.