Ideas

- Trágico mensaje

Se admite, de antemano, que los policías, vía de regla, distan mucho de contar con la simpatía de los ciudadanos. Los afanes de sus superiores porque se les tenga confianza y respeto, e idealmente aprecio porque el suyo, en teoría, es un oficio difícil, altamente riesgoso, se han quedado muy lejos de las metas trazadas. Las medidas para equiparlos y capacitarlos mejor, han sido, en la práctica, insuficientes… Según el cliché, los policías son -o deberían de ser- “guardianes del orden”. En la práctica, el ciudadano de a pie, lejos de confiar, recela de ellos. Los rehúye. Los evita porque el que no ha vivido, ha sabido, al menos, de múltiples experiencias amargas: la comparecencia tardía de las patrullas cuando se les llama a raíz de algún asalto, por ejemplo; las actitudes atrabiliarias, prepotentes y reprobables de los policías que detienen a ciudadanos inocentes por el delito de “portación de cara”, y que los amedrentan, los extorsionan y/o, so pretexto de catearlos, los despojan de sus escasas pertenencias. En fin...

-II-

Sin embargo, esa desconfianza sistemática no impide, en manera alguna, la repulsa social a episodios como el ocurrido la mañana de ayer en la colonia Loma Dorada, de Tonalá, donde cuatro policías de Guadalajara fueron arteramente asesinados por un grupo de personas armadas. Aunque algunas de sus conductas arraigadas tienden erróneamente a generalizarse, se admite que la vida de un policía, como la de todo ciudadano, es respetable en grado sumo. El comandante Eduardo Plazola García y sus escoltas Marcela Guadalupe Maciel Herrera, Roberto Salcedo Torres y José Aguilar Flores, los policías asesinados, eran, hasta donde se sabe, personas de bien que dejan, con su muerte, como todas las víctimas de crímenes, deudos injusta e irreparablemente dolidos.

-III-

Por alevoso y cobarde, el crimen de referencia, subrayémoslo, es reprobable. Pero, además, lastima a la sociedad en pleno porque, especialmente si se confirma la hipótesis de que sus autores, como reza el comunicado oficial de la corporación, obraron en venganza “por las detenciones importantes de integrantes de grupos del crimen organizado realizadas (…) en las últimas semanas”, el suceso es alarmante porque es sintomático de que los delincuentes están, quizá, mejor pertrechados que quienes tienen la misión de combatirlos, y de que, como se vio ayer, no les tiembla la mano para enviar a la sociedad y a quienes trabajan en su defensa el mensaje de que son ellos quienes tienen la sartén por el mango.

Temas

Sigue navegando