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¿Jesús resucitó el sábado o el domingo? Lo que dice la Biblia al respecto

La hora exacta de la resurección de Jesús sigue siendo un enigma que despierta profunda curiosidad

Cada Semana Santa celebramos la resurrección, pero la hora exacta sigue siendo un enigma que despierta profunda curiosidad. Descubrir cómo medían el tiempo en la antigüedad nos ayuda a comprender mejor nuestra fe hoy, permitiéndonos vivir el Domingo de Resurrección con una perspectiva renovada, útil y llena de significado espiritual.

¿Qué dudas genera la hora exacta de la resurrección de Jesús?

En los relatos del Nuevo Testamento, el evento central de la fe cristiana presenta un aparente dilema temporal que intriga a muchos. Los textos sagrados afirman que Jesús de Nazaret se levantó de entre los muertos "al tercer día" o "después de tres días" en Jerusalén. Esta dualidad de expresiones ha generado constantes debates sobre el momento exacto del milagro que cambió la historia.

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Esta diferencia de términos genera una comprensible confusión entre los creyentes modernos, quienes estamos acostumbrados a buscar una exactitud cronológica absoluta. Al saber que la crucifixión ocurrió un viernes, la matemática literal nos hace cuestionar si la resurrección sucedió el sábado por la noche o el domingo por la mañana. La mente contemporánea exige respuestas precisas que los textos antiguos no proporcionan directamente.

Actualmente, la Iglesia Católica celebra la solemne Vigilia Pascual durante la noche del Sábado Santo, anticipando con gozo el gran milagro de la Pascua. Esta práctica litúrgica lleva a muchos fieles a preguntarse si, técnicamente, estamos festejando un acontecimiento que aún no había sucedido en el reloj de la historia. Sin embargo, la respuesta a esta inquietud requiere una mirada profunda a la cultura bíblica.

¿Qué dicen los expertos, Jesús resucitó un sábado o un domingo?

Para resolver esta fascinante inquietud, debemos abandonar nuestra estricta mentalidad moderna y acercarnos a la forma en que se comunicaban en la antigüedad. El reconocido erudito bíblico Ben Witherington explica que los escritores de los Evangelios no utilizaban la precisión científica que hoy exigimos a los periodistas. Asumir que los evangelistas escribieron con rigor cronológico es un error muy común de nuestra época.

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En el rico contexto histórico de la Biblia, la frase "después de tres días" no funcionaba en absoluto como un cronómetro exacto de 72 horas. En realidad, esta expresión idiomática oriental podía significar simplemente "después de un tiempo" o referirse a partes de tres días distintos sin mayor especificidad. El lenguaje antiguo era mucho más fluido y se centraba en el significado del evento.

Si Jesús fue crucificado y murió el viernes por la tarde, ese sería el primer día; al anochecer del viernes comenzaría el segundo día; luego a la puesta del sol el sábado comenzaría el tercer día; tomando en cuenta estos datos, Jesús probablemente resucitó de la muerte entre la puesta del sol del sábado y la madrugada del domingo; antes de que María Magdalena llegara a la tumba.

De hecho, existen ejemplos muy claros en los textos del Antiguo Testamento donde ambas expresiones temporales se utilizan de manera intercambiable sin alterar el mensaje. Para los autores sagrados de aquella época, decir "después de tres días" significaba exactamente lo mismo que afirmar "en el tercer día". Esta flexibilidad lingüística era perfectamente comprendida por los primeros lectores, quienes no veían ninguna contradicción.

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Por lo tanto, los textos evangélicos nunca fueron redactados con la intención de cumplir con los rigurosos estándares de precisión de nuestro lenguaje contemporáneo. Su objetivo principal y absoluto era transmitir la verdad teológica del triunfo definitivo sobre la muerte, no registrar un acta notarial con hora y minuto. Entender esto nos permite acercarnos al misterio de la resurrección con una fe más madura.

¿Cómo vivir el Domingo de Resurrección?

Comprender esta importante diferencia cultural y lingüística nos libera de debates estériles sobre cronologías exactas que los mismos apóstoles jamás consideraron relevantes. Lo verdaderamente trascendental es el hecho histórico y espiritual de la tumba vacía, un acontecimiento que transformó para siempre el curso de la humanidad. La falta de una hora exacta no resta veracidad al milagro, sino que invita a la contemplación.

Para vivir este misterio sin confusiones temporales y aprovechar al máximo la Semana Santa, aquí te compartimos una lista de puntos clave o tips rápidos sobre cómo interpretar estos textos: 

  • El contexto manda: No leas la Biblia con un reloj moderno; los antiguos medían el tiempo por la relevancia de los eventos. 
  • Lenguaje flexible: Acepta que "tres días" incluye partes del viernes, el sábado y el domingo. 
  • Foco en el mensaje: La liturgia es correcta al celebrar la transición de la oscuridad a la luz.

Al final, la hora exacta en que el corazón de Cristo volvió a latir permanece como un hermoso y sagrado secreto divino que trasciende nuestro entendimiento. Esta Pascua, más que mirar el reloj con ansiedad, la invitación es a reflexionar sobre el impacto eterno de ese amanecer victorioso en nuestras vidas. La resurrección es un misterio de fe que se experimenta en el corazón, más allá del tiempo.

JM

-Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor-

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